TODOS SOMOS CULPABLES
Opinión
CÉSAR COBIÁN
14 Aug 2000. Actualizado a las 07:00 h.
El dopaje es un problema deportivo y, en consecuencia, social, e incluso generacional. En una cultura en la que se asiste a una creciente utilización, lindante con el abuso, de medicamentos; en una sociedad que solicita cada vez más la ayuda química, y en un entorno en el que para conseguir objetivos el fin puede llegar incluso a justificar los medios, no es extraño que el deporte discurra por los mismos cauces. Desde el inicio de las acciones contra el dopaje en los años 60, la práctica ha evolucionado sensiblemente, aunque su concepto haya permanecido inalterado. Quizá por ello, tras estos treinta años, es difícil hablar de dopaje sin caer en tópicos, sin presentar problemas ya expuestos. Y sin embargo, cada vez que se inicia un debate sobre el dopaje y su control, surgen nuevas expectativas o actuaciones novedosas. Ya no se puede hablar de deporte sin que surja como una sombra el dopaje, aunque las estadísticas arrojen datos de sólo un 1 o un 2% de resultados positivos entre miles de análisis realizados. Las substancias analíticamente detectadas y, en consecuencia, utilizadas, se han ido modificando, aumentando su complejidad (compuestos hormonales, por ejemplo), a la vez que se han ido elevando las dosis, incrementándose el riesgo de efectos secundarios. El deporte de competición es cada vez más exigente, ofreciéndose al deportista recompensas materiales más importantes y buscando para el espectador el mayor espectáculo. Pero, ¿quién es el culpable de no poner freno a todo ello? ¿Es culpable la sociedad que le exige al deportista un mayor esfuerzo, a veces por encima de su propio umbral? ¿Es culpable el deportista que con el fin de obtener un máximo rendimiento busca imperiosamente ayudas externas? ¿Son culpables los dirigentes que pensando en obtener grandes ingresos económicos se olvidan de que el deportista es un ser humano? ¿Es culpable el personal sanitario que conociendo los importantes efectos secundarios que poseen algunas substancias hacen caso omiso de ello poniendo en peligro la vida de los deportistas? ¿Son culpables los medios de comunicación, que muchas veces informan sin el conocimiento suficiente en un problema tan trascendente? Los culpables somos todos, porque aunque erróneamente se suponga que el dopaje es el medio ideal para obtener resultados deportivos, la realidad es que ejerce una acción nefasta para el deportista y ofrece una imagen negativa del deporte por él practicado.