La Voz de Galicia

EL GOBIERNO ¿DE TODOS? LOS VASCOS

Opinión

ROBERTO L. BLANCO VALDÉS

10 Jun 2000. Actualizado a las 07:00 h.

Lo que hace que la posición del PNV en relación con Herri Batasuna-Euskal Herritarrok se haya convertido en absolutamente insostenible tras los últimos atentados terroristas es el hecho de que el PNV gobierne el País Vasco. Si el PNV estuviera fuera del ejecutivo, sus alianzas serían igual de condenables moralmente, es decir, desde el punto de vista del respeto a las libertades personales, pero la cosa resultaría políticamente bien distinta: pues cuando un partido carece de responsabilidades de gobierno puede aliarse con quien quiera, correspondiendo sólo a los tribunales de justicia y/o al cuerpo electoral controlar, llegado el caso, la legalidad y/o la oportunidad de tales alianzas.
No es ese el supuesto, sin embargo, del partido de Egibar, Arzalluz e Ibarretxe. Pese a su magro apoyo popular _347.958 votos de un censo de 1.795.061 electores_ el PNV ha decidido gobernar sólo para una parte de los vascos, dejando abandonados a su suerte a los demás. Y ha decidido hacerlo, además, en un terreno que constituye el núcleo duro de la acción gubernativa en cualquier país civilizado: el de la garantía de la seguridad de la ciudadanía, sin la cual ningún derecho ni libertad pueden mantenerse.
El saber al PNV aliado de un partido que no condena la barbarie terrorista _es decir, que aprueba el que se asesine a los adversarios políticos por el sencillo hecho de serlo_ es moralmente devastador para todos los demócratas. El saber al Ejecutivo de los vascos, ¡de todos los vascos y no sólo de los que votan a los nacionalistas!, aliado de un partido que no condena la barbarie terrorista _es decir, que aprueba el que se asesine a los adversarios políticos por el sencillo hecho de serlo_ es sencillamente insoportable desde la perspectiva de un gobierno democrático.
Pues para gobernar en democracia no es suficiente con gozar de la legitimidad de origen que dan las elecciones: es además, absolutamente indispensable hacerlo de una forma que no atente _por omisión o por acción_ a las libertades de todos los que tienen derecho a conservarlas con independencia del sentido de su voto o de su adscripción política e ideológica. De hecho, ese y no otro es el trascendental debate que hoy tiene abierto el PNV: el de si se puede, o no se puede, construir un país gobernándolo como si la mitad del mismo no existiera. El de si se puede, o no, pactar con quien ha decidido eliminarla.


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