Chicharrones
Lugo
17 Sep 2025. Actualizado a las 19:07 h.
Este verano he pegado un estirón frontolateral considerable y, la verdad, no estoy muy orgulloso. Cuando era pequeñajo y me quejaba de dolor de miembros, me decía mi mamá: «Son medranzas, neno», y yo sacaba pecho; pero ahora, sin dolerme nada, medro en plan voluminoso tanto al frente como hacia ambos lados y, ya les digo, de orgullo nada. Estoy frustrado. Este cuerpo mío —serrano, se le dice—, es un tirano, pues cuando más lo necesitas más el listón sube y disciplina exige. Voy al grano. Como en el mes de agosto cierran Frigsa por vacaciones, este año me di un respiro y por una vez en mucho tiempo no bajé ni un solo día a la piscina de As Pedreiras; y oye, que no lo ha perdonado. Consciente de ello me vengo abajo y de la noche a la mañana me convierto en un cobarde. Porque aunque las lorzas vergonzosas del espejo y la apretura de las ropas me lo están chivando, no me atrevo a tirar de báscula y arrostrar con gallardía mis medranzas. Yo que creí que con los sudores provocados por la ola de calor bastaba… Pues no. En fin, ya saben de qué va esto: consumimos, metabolizamos y, como para arriba más no vamos, nos expandimos. Una faena, claro. Valiente carrocería que nos ha puesto el del diseño que además se oxida, cruje y viene sin garantía. Sí, este cuerpo nuestro es una birria, le das pelín vidilla y se te arruga y achaparra cual uva pasa. Deterioro se le llama. Me imagino que a millares de lucenses les pasará lo mismo; lo cual, qué quieren que les diga, consuela y estimula a ese mal bicho que llevo dentro. No se me cabreen, descarguen su mala leche y consuélenseme también ustedes recurriendo al dicho: Mal de muchos… Pues eso.