La Voz de Galicia

La fuente que se quedó sin cántaros

Lemos

Lucía Rey

Más de treinta personas resultaron intoxicadas hace un año tras beber agua en el surtidor de la plaza do Castiñeiro, por el que en la actualidad no brota ni una gota

12 Jul 2009. Actualizado a las 02:00 h.

Alrededor de 30 personas, entre ellas varios niños, tuvieron que ser ingresadas en el Hospital Xeral aquejadas de shigellosis tras haber consumido agua contaminada en la fuente pública de O Castiñeiro, en Lugo. Ocurrió a finales de junio del año pasado. Trece meses después del suceso, del surtidor cuelga el cartel de «no potable» y de sus caños ya no brota ni una sola gota.

Vómitos, diarrea y fiebre fueron algunos de los síntomas que comenzaron a presentar los pacientes. Todos habían ingerido agua en la fuente poco después de las patronales del 2008. Como cada año, la celebración había congregado en el entorno de la plaza de O Castiñeiro, donde está situado el surtidor, a un gran número de atracciones de feria. Varios especialistas indicaron que esa pudo ser la causa del brote infeccioso.

Nada más conocerse la intoxicación masiva, el Concello de Lugo optó por colgar el cartel de «no potable» y realizó análisis en pozos de agua del barrio para comprobar si contenían la bacteria shigella . Para descubrir filtraciones echó colorante en el alcantarillado.

A pesar de las dudas, fuentes de la concejalía de Medio Ambiente y de la Consellería de Sanidade instaron a la población lucense a no consumir agua de ningún manantial natural. «Na auga dunha fonte natural nunca hai garantía porque podes tomar unha mostra que dea ben e á media tomar outra que dea mal porque nese tempo chegou un contaminante», precisaron. Recalcaron que la cloración es la única garantía de potabilidad. Y más en el entorno urbano, donde «é moi fácil que se contamine un acuífero por unha rotura no alcantarillado, unhas obras ou unha fuga de residuos fecais».

En este sentido, el concejal de Medio Ambiente, Lino González Dopeso, pidió a los lucenses que evitasen consumir agua de las 65 fuentes que existen en la ciudad amurallada, asegurando que el Concello no puede garantizar su potabilidad a pesar de que su departamento -afirmó- analiza el agua de las fuentes cada tres meses. El edil indicó entonces que el Ayuntamiento coloca carteles para informar a los usuarios, pero la mayoría son arrancados al poco tiempo.

Sostuvo que, en ocasiones, los operarios que disponen las señales en los surtidores públicos de la capital encuentran el rechazo frontal de los vecinos que «se encabronan», puesto que están acostumbrados a consumir habitualmente agua del manantial, y consideran que no les puede causar ningún tipo de perjuicio.

La visión de usuarios y colectivos vecinales era distinta. Muchos se quejaban de la falta de información sobre los análisis y destacaban que la mayoría de los manantiales se encontraban sin señalizar.

Un vacío legal peligroso

Ni la Xunta de Galicia ni los concellos: ninguna administración está obligada por ley a controlar regularmente la salubridad de los manantiales públicos. Y ello a pesar de que miles de gallegos recogen habitualmente agua para consumo humano.


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