LOS ATASCOS de estos días en Monforte, por las fiestas, o en Sarria, por la travesía, o en cualquier sitio de Galicia, demuestran varias cosas. Que las vías de comunicación no son suficientes. Que hay mucho paisano tranqui que piensa que el mundo aún marcha a la velocidad de su viejo carro de vacas. Y que hay mucho bárbaro que cree que puede acelerar el mundo a bocinazos.