Una acción a la desesperada
Internacional
13 Jan 2013. Actualizado a las 07:00 h.
La operación que inició el viernes Francia en Mali no es todavía la intervención internacional auspiciada por la ONU para desalojar a los islamistas del norte del país, prevista para septiembre. Se trata, más bien, de una acción a la desesperada para evitar que, a este paso, los islamistas controlasen todo Mali. Ya habían logrado tomar Kona, un nudo estratégico de comunicaciones en el centro del país, y avanzaban rápidamente hacia la capital, Bamako, sin que el desmoralizado Ejército maliense lograse frenarlos. A que los islamistas se queden donde están es todo a lo que aspira ahora la operación francesa. Esta no ha comenzado con buen pie (han perdido un helicóptero y un piloto), pero es de esperar que logre su objetivo. El problema es lo que sucederá después.
El norte del país, la zona en manos de los rebeldes, tiene una extensión similar a la de la propia Francia y la población no desea volver a estar controlada por el Gobierno de Mali. Existen disensiones, pero son entre los islamistas y los nacionalistas del MNLA. Incluso si una intervención lograse restablecer la autoridad de Bamako en esa región, posiblemente se produciría una «afganización» del Sahel, en la que la inestabilidad no desaparecería sino que simplemente cambiaría de aspecto. Como siempre, se habla de armar y entrenar al Ejército de Mali para que retome el control, pero esto ya se hizo precisamente en esta misma región, y a gran escala, entre el 2002 y el 2009, cuando EE.UU. desarrolló su programa de la Iniciativa Anti-terrorista del Trans-Sahel (TSCI, por su siglas en inglés). Se gastaron millones, se enviaron instructores y se desplegaron fuerzas especiales. Del resultado baste decir que en el apogeo de este programa surgió Al Qaida en Magreb Islámico (AQMI), el grupo que está detrás de una parte de los rebeldes que han tomado el norte. Quizás el verdadero problema esté no en el norte sino en el sur. Si la rebelión norteña pudo triunfar tan rápido fue porque la autoridad central se debilitó a causa del golpe de estado militar en marzo del año pasado. Pese a los esfuerzos por crear un gobierno de unidad nacional, Mali sigue desde entonces en manos del capitán golpista Amadú Sanogo. El país está cada vez más dividido, lo mismo que el Ejército. El colapso de la autoridad y la temida «somalización» podrían suceder incluso sin la ayuda de los rebeldes del norte.
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