La historia de Maná
Internacional
23 Jan 2010. Actualizado a las 02:00 h.
La pierna de la pequeña de cinco años Mana Morin está destrozada, un tercio de sus compañeros han muerto y el orfanato donde vivía se vino abajo. Ella es uno de los niños haitianos que debe comenzar una nueva vida en Francia.
Muchos Gobiernos aceleran los procesos de adopción, algo que provocó la advertencia de oenegés que protegen a los niños. Save the Children y World Vision, entre otras, temen que en el apuro por salvar niños como Mana, las adopciones vía rápida, rompan familias y generen niños desarraigados.
«No impediremos que ningún niño se salve», indicó Mayi Garneadia-Oerre, del orfanato de Mana, donde 58 de los 132 niños murieron. Sin embargo, advirtió de que las adopciones terminarían por romper los lazos familiares aún existentes. «Cuando el niño crezca, a los 15 años, querrá conocer su identidad. Es necesario mantener los vínculos», agregó.
Unicef recomendó que se «congele» toda nueva adopción durante la «fase de urgencia», para intentar primero reunir a los niños con sus familias. Pero algunos Gobiernos occidentales y las familias adoptivas argumentan que el desastre es tal que cualquier niño que pueda empezar en un país con mejor perspectiva debe hacerlo.
En medio del debate se encuentran niñas como Mana. Anteayer dormía en una cama improvisada en un hospital de campaña francés. Su cabeza descansaba en el regazo de una enfermera que le cura las heridas. Tiene cicatrices en la cabeza y cortes en el cuero cabelludo. Es muy pequeña para sus cinco años. Sus piernas están cubiertas de gasas, ambas están fracturadas y una completamente aplastada. Se desperezó y despertó. No sonreía y permaneció en silencio. Luchaba para llorar, pero de sus ojos no brotaban lágrimas.