Francia se rinde al gusto americano
Internacional
El país vecino elige en primera vuelta a su presidente, después de una campaña de baja intensidad marcada por el «show» televisivo ¿Evolución a la americana o moda pasajera? Esta pregunta se la hacía ayer «Le Monde», el principal diario de Francia, para tratar de explicar lo que ha sido una campaña presidencial de baja intensidad, ahogada por los conflictos internacionales y vaciada de debate político. Cuarenta millones de franceses tienen hoy una cita con las urnas para elegir en primera vuelta al futuro inquilino del Elíseo. Nunca hubo tantos candidatos (16), nunca se esperó tanta abstención (30%) y nunca los favoritos, el conservador Chirac y el socialista Jospin, habían recurrido tanto a sus esposas y al circo televisivo para animar el ambiente.
20 Apr 2002. Actualizado a las 07:00 h.
París no es Washington, pero nunca tanto se le había asemejado. Hasta estas elecciones, las esposas de los principales candidatos ocupaban un lugar discreto, por no decir nulo, en la vida política francesa, que se centraba sobre todo en la confrontación de grandes ideas, de sólidos programas. Pero como si emularan a Estados Unidos, éstos han sido los comicios del márketing televisivo, de las primeras damas, de las crónicas rosas, de las portadas en People o en Paris Match. Los franceses siguen con muy poco interés la primera vuelta de la carrera hacia el Elíseo. El hecho de que los candidatos favoritos sean dos viejos conocidos de la política gala -Jacques Chirac, actual presidente, y Lionel Jospin, primer ministro-, no despierta demasiada admiración. Y si a ello se añade que en sus programas es muy difícil encontrar grandes diferencias, pues incluso puede entenderse que los gabinetes de campaña hayan tenido que recurrir más a la gesticulación audiovisual que al debate de ideas. Las veces que Chirac y Jospin disfrutaron de mayor cancha fue cuando estaban obligados a pronunciarse sobre algunos acontecimientos internacionales, como Afganistán o la crisis de Oriente Medio. Y quizás, de paso, caldeaban un poco el ambiente con alguna promesa que, visto está, no llegará a hacer historia. Los franceses parecían divertirse más con aquellas declaraciones de Bernardette Chirac, la esposa del presidente, en las que afirmaba: «La verdad es que mi marido es el candidato más guapo. Las otras, pueden envidiarme»; o con las de Silviane Jospin, en las hilaba de la misma seda al reconocer: «Oiga, tengo que decirle que Lionel y yo dormimos cada noche en la misma cama. Y eso es lo importante». Pese a todo, las presidenciales de hoy batieron el récord de concurrencia de la V República, con 16 candidatos. Entre ellos hay para todos los gustos: cuatro mujeres, una candidata de color procedente de la Guayana, tres ultraderechistas, otros tres del espectro de la izquierda radical, un comunista, dos verdes, un democristiano, un liberal, un republicano e incluso un cazador. Atomizar el voto Pero si algo provocó este mosaico de candidaturas y el debate acerca de la inseguridad ciudadana fue atomizar el voto, sobre todo en beneficio de los extremos. La ultraderecha cotiza en los sondeos en torno al 17,5% y la izquierda radical, con un 15%. Así se explica que Jean-Marie Le Pen, el veterano líder del xenófobo Frente Nacional, pueda cosechar el 14% de los sufragios, convirtiéndose en el tercer hombre e incluso con alguna opción de disputarle a Jospin (18%) la segunda plaza. Chirac perdió 10 puntos desde el inicio de la campaña, y se le asigna un 20%. El tópico de la elegancia francesa parece horrorizarse al descubrirse en una campaña a la americana, con candidatos metidos en un circo en el que no faltan candidatos con el bigote verde (el ecologista Mamere), embadurnados en ketchup (Jospin) o cantantes de rock (Hubert Hue y Le Pen).