Un joven predijo los ataques imitando la ambigüedad de Nostradamus
Internacional
22 Nov 2001. Actualizado a las 06:00 h.
El 11 de septiembre los buscadores de internet de todo el mundo registraron algo curioso. Con el estruendo de las Torres Gemelas cayéndose todavía en los oídos, había unas palabra que se rastreaba más que ninguna. No era avión, ni Torres Gemelas, ni Bin Laden, ni CNN. Esa palabra era Nostradamus.
La magnitud de la tragedia era tal que era necesario buscar un sentido a tanta barbarie. Un significado que entender. En apenas unas horas comenzaron a circular por la red global mensajes de este tipo: «Nostradamus predijo los atentados». Estos correos venían acompañados de estrófas proféticas atribuídas a Nostradamus. Entre la prosa enigmática del supuesto profeta se entreveía la tragedia de los atentados. Los agoreros del apocalípsis comenzaban a clamar: «Es la Tercera Guerra Mundial, se cumplió la profecía».
Eran horas en que el mundo estaba literalmente patas arriba. En el espacio transcurrido entre el impacto del primer avión y la conferencia de prensa del presidente, Estados Unidos tambaleó. Llegaban informaciones de coches bomba, de decenas de aviones secuestrados. Al final, cuando todo se colmó casi quedaba la sensación de que podía haber sido peor.
La supuesta profecía de Nostradamus no tardó en venirse abajo. Expertos estudiosos de la obra del francés demostraron que ninguna de esas cuartetas era obra de Nostradamus. Claro que para entonces algunos medios españoles de renombre se habían hecho eco del augurio.
Pero el debate no quedó ahí. La tragedia provocó una explosión en todo lo relacionado con Nostradamus y otros supuestos profetas. En ese bum ahonda el libro Profecías y Revelaciones, de Nostradamus a nuestros días, entregado por La Voz el pasado 10 de noviembre. Este libro, escrito por Domingos Santos, revela un detalle escalofriante. En el capítulo No tomarás el nombre de Nostradamus en vano cuenta como un estudiante canadiense, Neil Marshall, escribió un tesis sobre el profeta, demostrando que la ambigüedad de los textos del francés hacen que se puede justificar cualquier hecho. Para demostrarlo escribió él mismo una cuarteta con el estilo de Nostradamus y aseguró que no tardaría en producirse un hecho que encajara con su texto. Y escribió: «En la ciudad de Dios habrá un gran colpaso, dos gemelos desgarrados por el caos, mientras la fortaleza cae, el gran líder sucumbirá. La Tercera Guerra Mundial empezará mientras la gran ciudad arde». Lo escribió 1999. Su «falsa profecía» apenas tardó en cumplirse.