La Voz de Galicia

Bush, en el laberinto afgano

Internacional

LUIS VENTOSO A CORUÑA

Cumplido casi un mes de guerra en Afganistán, Estados Unidos no ha logrado éxitos reseñables. Bin Laden no aparece (salvo para su prensa afín) y los talibanes incluso se permiten contraatacar. A continuación se aportan algunas claves que explican el aparente estancamiento de la campaña.

02 Nov 2001. Actualizado a las 06:00 h.

1.-Ya se ha bombardeado casi todo lo bombardeable.
Hace unos días, Felipe González, viejo zorro de la geopolítica, recomendó detener los bombardeos aéreos sobre Afganistán con un argumento elemental: ya no quedan objetivos bélicos que destruir. En cierto modo es verdad. El 7 de octubre, cuando comenzó el ataque, el Pentágono señaló que sus blancos eran «los sistemas de defensa antiaéra talibán, los radares, los centros de mando y los campos de entrenamiento de Bin Laden». En teoría, esa misión ya se ha cumplido y sigue sin lograrse el objetivo final: desalojar a los talibanes y detener al terrorista más buscado de la historia.

2.- La Alianza del Norte no funciona.
Syev Refaqat, un general pakistaní, lo ha resumido de manera cruda: «La Alianza no ha estado a la altura de las expectativas; ni en capacidad militar, ni en liderazgo político, ni en motivación». Son menos que los talibanes, están peor armados y se dividen en tres etnias que operan casi por libre (tayika, uzbeka y hazara). Además, el oportuno (para Bin Laden) asesinato del carismático Ahmed Masud en vísperas del 11-S los ha dejado sin un caudillo cabal y honorable de cara a Occidente.

3.- Y Estados Unidos desconfía de la Alianza.
No es lógico que la mayor maquinaria militar de la historia encalle ante la rudimentaria milicia talibán. En realidad, Bush y su generalísimo, Franks, están demorando intencionadamente la apertura del pasillo que permitiría a la Alianza tomar Mazar-i-Sharif y Kabul. Los rebeldes del Norte no constituyen una alternativa de Gobierno (son minoritarios en Afganistán y si Estados Unidos les da fuerza celebrarían un baño de sangre a costa de la mayoría pastún, que es la de los talibanes).

4.- Los talibanes aguantan
En un país devastado donde la esperanza de vida de los varones es de 40 años hay poco que perder. Los talibanes se han acostumbrado a algo tan brutal como los bombardeos de los B-52 (les llaman «llovizna» y «ventarrón») y hasta se permiten la gallardía de contraatacar. El invierno, que está a las puertas, juega también a su favor.

5.- La guerra se gana en tierra.
«La resistencia de un enemigo fanático sólo puede superarse con tropas terrestres». La frase es del general Clark, el estratega que manejó con acierto acción de la OTAN en Bosnia. Clark añade algo más: «No podemos alcanzar el éxito sin tener bajas». Aunque los talibanes hablan de que han muerto en combate entre 70 y 100 soldados estadounidenses, los norteamericanos sólo reconocen tres bajas (todas en accidentes ajenos al fragor del frente). Por contra, el general ruso Boris Gromov, veterano de la debacle soviética en Afganistán, desaconseja a los americanos el poner pie en tierra: «Pueden hacer misiones de captura y exterminio, pero nunca deben intentar un ataque terrestre de envergadura». Ese es el espinoso dilema de Bush, que chapotea ya en el laberinto afgano.


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