Décimo año de la victoria para Sadam
Internacional
Una década después de la guerra del Golfo, el presidente iraquí sigue en el poder, pese al bloqueo ordenado por la ONU Han pasado ya diez años de la guerra del Golfo, pero el conflicto entre Irak y Occidente sigue vivo. El 17 de enero de 1991 estallaba «la madre de todas las batallas», la respuesta occidental a la invasión de Kuwait por parte del Ejército iraquí. Aquel conflicto, en el que murieron entre 170.000 y 250.000 iraquíes, se ha transformado con el paso del tiempo en una guerra encubierta. Los misiles han dejado paso a un bloqueo económico que, según Bagdad, provoca cada mes la muerte de 8.000 ciudadanos iraquíes. A pesar de todo, la figura de Sadam Husein no sólo no se ha debilitado, sino que ha ganado prestigio a ojos de sus súbditos.
15 Jan 2001. Actualizado a las 06:00 h.
La guerra estalló oficialmente el 17 de enero de 1991, aunque lo cierto es que la primera piedra del conflicto la puso Irak en agosto de 1990 al ocupar Kuwait. Aquella invasión tenía un doble objetivo para Sadam: hacerse con las reservas petrolíferas kuwaitíes y obtener una salida al Golfo Pérsico tras la destrucción de sus infraestructuras portuarias durante la guerra con Irán. Pero Sadam calculó mal las consecuencias de su acción. Estados Unidos, convertida en la única superpotencia mundial tras el naufragio de la URSS, no estaba dispuesto a tolerar ningún desorden en la región y encabezó una alianza militar a la que se sumaron todas las naciones occidentales. Bloqueo La operación Tormenta del desierto dio comienzo a una guerra relámpago que significó la derrota iraquí en poco más de un mes. El 3 de marzo se firmaba un acuerdo de alto el fuego y el Ejército iraquí inició su retirada del territorio de Kuwait. Sin embargo, Washington no logró provocar la caída de Sadam Husein, que, desde entonces, se ha convertido en uno de sus enemigos oficiales. La derrota militar no puso fin al bloqueo al que estaba sometido Bagdad desde que se produjo la invasión de Kuwait. De hecho, esta medida de castigo, decretada por la ONU, sigue estando en vigor, con consecuencias desastrosas para la economía iraquí. Los aliados destruyeron la mayor parte de las infraestructuras del país, que aún no ha recuperado la capacidad productiva de 1990. Además, según la información aportada por Irak, un 30% de la población sufre de malnutrición. Dudas de Occidente La poca efectividad de estas sanciones ha hecho que cada vez más voces las cuestionen. Denis Halliday, responsable del programa humanitario de la ONU para Irak, dimitió en 1998 para protestar por el mantenimiento del embargo, alegando que «la imposición de sanciones a Irak, decidida por el Consejo de Seguridad de la ONU, puede compararse a una guerra no declarada». Una opinión compartida por muchos gobiernos occidentales, pero no por Washington, que ha convertido la caída de Sadam Husein en una cuestión de principios.