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Creencias, leyendas y mitos la mar de salados

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susana luaña

La atracción de la costa gallega convirtió sus enclaves en lugares de peregrinaje

06 Aug 2016. Actualizado a las 05:00 h.

Veranear cerca del mar dejó de ser privilegio de ricos cuando, en los primeros años del siglo XX, los médicos comenzaron a recomendar los baños de agua salada por sus propiedades curativas. En realidad, a las familias del interior a las que los galenos prescribían esas estancias en la costa no les venía mal un poco de limpieza corporal, costumbre no muy extendida en la época. Al margen de esa triquiñuela encaminada a erradicar la aversión que entonces se le tenía al agua, no cabe duda que la cercanía a la costa y el contacto con el mar es beneficioso para la salud. Esa evidencia médica unida a la atracción que algunos parajes costeros ejercieron tradicionalmente sobre el minúsculo humano enfrentado a la inmensidad del océano provocaron que, con el paso de los siglos, algunos de estos enclaves se convirtiesen en lugar de leyenda, peregrinaje y sanación.

En Galicia sobran los ejemplos, aunque algunos son de visita obligada y no es el verano un mal momento para saldar esa asignatura pendiente. Se pueden hacer coincidir incluso con las romerías que ensalzan el lugar y que, o bien respetan sus orígenes paganos, como es el caso de las nueve olas de A Lanzada, o los disimulan bajo el santoral, como ocurre en San Andrés de Teixido.

En todo caso, sobran santuarios salpicados por el mar y playas de ensueño para recorrer en busca de remedios para el cuerpo o para el alma. La romería de la playa de A Lanzada, ese hermoso arenal que comienza en Sanxenxo y finaliza en O Grove, se celebra el último fin de semana de agosto, y en la noche previa, las mujeres que quieran quedarse embarazadas deben saltar nueve de las infinitas olas que bañan el arenal. Hay testimonios de que funciona.

Luego está la playa de A Frouxeira, en Valdoviño, que a primera hora es un peregrinaje de caminantes y bañistas que aseguran que lo hacen por prescripción médica, dadas las propiedades curativas que históricamente se le atribuyeron a sus aguas y al arenal. No cabe duda de que el yodo y otros componentes del agua del mar son beneficiosos para la piel, para cicatrizar heridas, contra el reuma y otras enfermedades óseas. Y que caminar por la playa y respirar la brisa marina previene el colesterol y el estrés. Lo demás, posiblemente no sea más que fe, pero ya se sabe que la fe mueve montañas.

Ya de lleno en el mito y la leyenda está Muxía y el santuario de Nosa Señora da Barca, donde la imaginación dio formas y funciones a piedras que lo mismo sirven para enamorar que para sanar las enfermedades de los riñones o presagiar catástrofes.

El recorrido no puede de ninguna de las maneras obviar San Andrés de Teixido, porque ya se sabe, acabará yendo usted de muerto si no va de vivo.


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