Los líos de la oposición han sido el gran comodín del PP
Galicia
21 Jul 2013. Actualizado a las 06:00 h.
A lo largo de los últimos años, el PPdeG ha visto cómo en la barrera de enfrente, unos y otros, por muy diversas razones, libraban conflictos que los debilitaban. Las luchas cainitas entre la guardia pretoriana de Pachi Vázquez y quienes abanderaban el legado de Touriño en el PSdeG han agrietado la primera fuerza de la oposición. En enero del 2012, en Amio, el BNG sufría la primera gran escisión en sus tres décadas de vida; y Xosé Manuel Beiras, líder de una de las dos almas del nacionalismo, abandonaba el frente para embarcarse en otras aventuras. Así se llegó al otoño del 2012, a unas autonómicas que mostraron que, más allá del incontestable liderazgo de Feijoo y la cohesión interna de su partido una vez sofocado el incendio de Ourense, la oposición no estaba en condiciones de recabar el suficiente apoyo como para articular una alternativa. Esa fue la gran paradoja del 2012: el éxito de la alianza de Beiras y Esquerda Unida en AGE fue en realidad la constatación de un fracaso, de un roto por la izquierda; básicamente, porque el vertiginoso ascenso de AGE fue a costa de papeletas que en otras ocasiones habían ido a parar al granero del Bloque o del PSdeG.
Nada como lo ocurrido en las pasadas autonómicas para evidenciar que cuando las aguas bajan revueltas enfrente, con liderazgos cuestionados, con ruido y alboroto, la lógica de la aritmética parlamentaria dice que, arriba o abajo, con peor o mejor gestión, el PP tiene casi ganada su mayoría absoluta. Los suyos fallan poco.
Sin cumplir un año de la segunda legislatura de Feijoo, no parece que el escenario de la oposición a corto plazo sea muy alentador. El BNG ha tocado suelo y mucho más cohesionado internamente intenta cicatrizar las heridas de su guerra mirando al futuro, con nuevo líder e intensificando el trabajo social. El PSdeG pasa página a la era de Pachi y abre una transición que aspira a liderar Besteiro, bajo la sempiterna sombra de Pepe Blanco. Y Alternativa Galega de Esquerda, tiene que hacer ahora lo más difícil: consolidar el éxito. Contra todo pronóstico, Anova, la pata nacionalista de la coalición liderada por Beiras, salió de su primera asamblea con dos sensibilidades: los partidarios de consolidar AGE, como Martiño Noriega, y quienes prefieren preservar la soberanía de Anova. Una controversia que augura nuevos pulsos.