Una madre de Sada recuerda que fue otra niña la que salvó a su crío de ahogarse en las instalaciones municipales. Una jueza lo investiga
05 Apr 2009. Actualizado a las 02:00 h.
Hace cinco meses se dio un caso en Sada muy similar al ocurrido en la piscina de un colegio coruñés el pasado lunes, donde un niño de cuatro años murió ahogado durante la clase de natación. Solo que en aquel incidente el crío sobrevivió. No obstante, sus padres llevaron el asunto a los tribunales al entender que los monitores actuaron con negligencia y ahora una jueza de Betanzos investiga los hechos.
Solo Dios sabe qué le hubiese ocurrido al hijo de Pilar Naya y David Figueroa si una niña no hubiese gritado que había alguien se estaba ahogando. La pequeña seguía desde una ventana con vistas a la piscina el curso de natación. Y vio cómo Nicolás, de tres años, chapoteaba y se iba al fondo. Se lo contó a un grupo de madres, entre las que se encontraba la de este crío. Y todas corrieron hacia en interior de las instalaciones. Así recuerda Pilar Naya aquel momento: «Entré gritando, y fue en ese momento cuando llamé la atención de los monitores. Uno de ellos miró a la piscina, vio a mi hijo en el fondo y se tiró. Salió con él en brazos y me hizo un gesto con la cabeza, como si quisiera decirme que no había nada que hacer». Cogió a su hijo inconsciente, llamó a una ambulancia y pudieron reanimarlo.
Ignora el tiempo que pasó su hijo bajo el agua. Lo que sí sabe es que «nadie estaba controlando a los pequeños en aquel momento», y que «de no ser por la niña que avisó, estoy segura de que mi pequeño no estaría hoy vivo».
Pilar Naya y David Figueroa recuerdan que habían apuntado a sus dos hijos, de 3 y 5 años, en el curso de natación que ofrecía el APA del colegio de Sada y sus Contornos. No hubo nada anormal en las cuatro primeras clases. Pero en la quinta, el pasado 14 de noviembre, el monitor, que atendía a un total de 11 niños, «decidió que ese día se quitaran los flotadores» como un paso más en el aprendizaje. Por eso mismo, entienden estos padres, el monitor estaba obligado a «prestar muchísima más atención, no quitarles el ojo de encima, pues ningún crío sabía nadar».