El momento Figo de Eisenman
Galicia
CUANDO el miércoles Quintana salió de Monte Pío y dijo «non puido ser» fue como escuchar a Arsenio después de que los suyos perdieran un partido.
20 Jan 2007. Actualizado a las 06:00 h.
Significa que lo habían intentado, que el rival no era un cualquiera, que los chavales se habían esforzado, pero «non puido ser». Una frase que, a la vez, no significa nada; una de tantas vacuidades del argot futbolístico. Al día siguiente, el jueves, Touriño recibió a Peter Eisenman, quien le dijo que el monte Gaiás de Fraga era un «mausoleo y ahora un proyecto cultural que vale la pena». Como no hay que poner en duda la palabra oficial de un presidente de la Xunta y, por tanto, hay que dar por bueno lo que Touriño dice que Eisenman le dijo, todos los culés se habrán acordado de Luis Figo, quien a cambio de más dinero, se fue con el enemigo histórico. Aquel jugador blaugrana amado por la hinchada, que besaba el escudo de la camiseta cuando marcaba un gol, se vistió de blanco impoluto y alardeó de golear a su antiguo equipo. Figo, Rivaldo para los deportivistas,... la lista es infinita. Peter Eisenman es como los jugadores de fútbol, que se van siempre con el que mejor paga. Cuando Fraga le encargó el mausoleo, el arquitecto vino por aquí de pasada a contarnos que sería la octava maravilla del mundo. Pero resulta que era un bluf y que sólo el talento de los que le pagan ahora ha sabido convertir el monte Gaiás en un oráculo de la cultura occidental, a pesar de que el proyecto del bipartito contiene las mismas vacuidades que el del fraguismo con nombres diferentes. El norteamericano ha hecho el mismo cambio de bando que antes Touriño y Quintana. Dos dirigentes que en sus años de oposición eran enardecidos defensores de paralizar el mausoleo que Fraga comenzaba a levantar a la altura del punto kilométrico de la AP-9 desde el que mejor se divisa la catedral de Santiago. Al bipartito le sucedieron en el cambio de camiseta los intelectuales adscritos. Al arquitecto norteamericano le sucederán otros muchos que caerán seducidos por las mareantes cifras de gasto que rodean la Ciudad de la Cultura, tanto para construirla y equiparla, como luego para mantenerla abierta. El bipartito tuvo la oportunidad de reconducir y hacer viable la mayor inversión pública en la historia de la Xunta y también la más estrambótica. Pero lo que se han reconducido son los argumentos para justificar lo que antes consideraban con acierto un sarcasmo y un despilfarro en un país con las carencias de Galicia. Con todo, Eisenman ha tenido más suerte en la Galicia pobre que en la Alemania rica, donde le encomendaron levantar el monumento a las víctimas del Holocausto. En Berlín, diecisiete años de controversia sobre la idoneidad del proyecto precedieron a los dos que requirió su construcción. Aquí, ni Fraga ni el bipartito han querido un par de años de confrontación de opiniones sobre una obra que durará diecisiete o más.