La Voz de Galicia

Terminator, héroe republicano

Galicia

El mundo a los cuatro vientos Los delegados por California recibieron a Schwarzenegger, su gobernador, con gafas de sol como las de su personaje y con ovaciones a las partes más extremistas de su discurso

01 Sep 2004. Actualizado a las 07:00 h.

La estética Terminator , inmortalizada en la saga homónima que protagonizó el actor Arnold Schwarzenegger antes de convertirse en gobernador de California, resucitó el martes en Nueva York durante la Convención Republicana. La mayoría de los 173 delegados de su estado, en pie frente al escenario del Madison Square Garden al que Arnie se acababa de subir, le recibieron desenfundando unas gafas de sol negras iguales a las que el actor lucía en la película (marca Arnette), agitando pancartas con su nombre, haciendo la señal de ok con el dedo (también perteneciente a la parafernalia del filme) y ovacionando a su jefe. Terminator se estrenaba en su papel de político en una convención nacional con un discurso en el que tampoco faltaron las alusiones a una película cuya frase estrella, «¡Volveré!», fue repetida varias veces, provocando las carcajadas de las cerca de 10.000 personas que llenaban el estadio. ¿Moderados? Pero el discurso, cargado de tópicos sobre el sueño americano, también tuvo momentos que, vividos desde dentro del estadio, hubieran hecho temblar a cualquier persona con un concepto mínimo de lo que es la democracia. A pesar de que los republicanos de California son supuestamente los más moderados dentro del partido conservador y la elección de Terminator como una de las grandes estrellas invitadas de la convención trataba de poner de manifiesto esas tendencias, lo cierto es que Schwarzenegger pronunció varias frases más propias de los extremistas de su partido que de la tolerancia que su estado dice defender. «Si crees que Estados Unidos, y no las Naciones Unidas, es la mejor esperanza para la democracia en el mundo, entonces eres un republicano». Estas palabras provocaron la mayor ovación en todo su discurso, que fue interrumpido durante al menos un minuto por los gritos enfervorecidos de un estadio abarrotado de personajes agitados, cuyo entusiasmo daba cierto miedo, que gritaban «¡U.?S.?A, U.?S.?A!». Hubo otros momentos sorprendentes, como cuando este austríaco que emigró a Estados Unidos con su familia, aseguró que se hizo republicano gracias a Nixon, un presidente que tuvo que dimitir envuelto en un escándalo de espionaje y corrupción que pasó a los anales de la historia como el caso Watergate. «Escuchar hablar a Nixon fue un soplo de aire fresco» clamó Arnie , provocando, para pasmo de cualquier historiador, otra larga ovación. El sueño americano «El discurso ha sido fantástico. Es un tipo simpático, divertido que ha sabido explicar exactamente en qué consiste el sueño americano: si trabajas duro, en Estados Unidos puedes conseguir cumplir tus sueños» aseguraba Pamela Corradi, una delegada por California que pese a ser contraria a la política social de su partido -que quiere prohibir el aborto- afirma que «la seguridad es lo primero y por eso no nos podemos permitir el lujo de escuchar a otros países». Junto a ella estaba el delegado Rick Ouless, luciendo una trompa de elefante en la nariz (y además llevando a cuestas una buena trompa de alcohol), símbolo de los republicanos, al que le encantó que el actor repitiera una frase del show cómico Saturday Night Life que ya había utilizado para increpar a los demócratas a que aprobaran sus presupuestos. «No seáis mariquitas en cuestiones económicas» le dijo Arnie a los críticos de Bush, a lo que Ouless añadió pleno de entusiasmo: «Tiene razón, además no hay duda de que los americanos tenemos el poder económico. ¡Si es que somos la hostia!».


Comentar