El «Capitán Canadá»
Galicia
ESPE ABUÍN
16 Jan 2002. Actualizado a las 06:00 h.
RIAN Tobin sorprendió hasta al primer ministro con su renuncia a la cartera de Industria que el jefe del Ejecutivo, Jean Chrétien, le había puesto en la mano hace casi dos años. Puede que el nombre no diga nada a los industriales españoles. Pero sí dice, y mucho, a los pescadores gallegos. En la Galicia marinera, Brian Tobin, ex-ministro de Pesca, sigue siendo el Capitán Canadá, ese héroe que levantó a sus huestes contra los piratas de los océanos, unos saqueadores que llegaban en enormes barcos y redes minúsculas para quitar pan y peces a los pescadores canadienses. Unos corsarios que blandían bandera española o lusa. Una magistral operación publicitaria, casi circense, permitió a Tobin concentrar la atención de Canadá, primero, y de la opinión pública internacional, después, con una película en que la que los malos eran los pescadores gallegos, a los que describía, para pantallas y rotativas del planeta, poco menos que como seres con parche en el ojo y pata de palo. Esas «acrobacias publicitarias» -en boca del entonces embajador español en Canadá, José Luis Pardos- calaron, y muy hondo, en la ciudadanía, avivando un fervor patriótico que derivó en una intensa fobia anti-española. Con la inquina ya germinada, le fue fácil desviar la atención sobre su nefasta gestión de los recursos dentro de las 200 millas y descargar sobre los españoles toda la responsabilidad con una teoría de científico aficionado: la actividad de gallegos y portugueses no permitía que los peces entrasen en sus aguas jurisdiccionales. Año y medio después, los verdaderos expertos desmontarían su tesis. Pero el mal ya estaba hecho. A ojos del mundo, los pescadores gallegos eran furiosos depredadores. Tobin ya había exhibido al globo entero su trofeo: el Estai, al que apresó más allá de su zona económica exclusiva. Su estrategia fue mucho más allá. El Capitán Canadá no dudó en viajar hasta Nueva York, con la red que supuestamente usaba el pesquero vigués a cuestas, para mostrarla a flashes y focos de agencias de noticias de todo el mundo. Aún más, el aparejo ocupó un lugar privilegiado en la Feria Central de Canadá, para que ninguno de los 600.000 pares de ojos que cada año la visitan se perdieran el espectáculo. Una ardua actividad diplomática logró acabar con el Showbin -Pardos dixit- de Tobin. La pericia mediática del doble ex-ministro no sólo quedó patente en el plano pesquero. Las tácticas que utilizó para generar un sentimiento patriótico contra los marineros españoles también las aplicó dentro de su país en un intento de frenar las ansias independentistas de Quebec. Y lo logró. Por eso, y por su ambición desmedida, ni los propios canadienses creen que su adiós político sea definitivo.