Chalamet es el buscavidas de nuestro tiempo
Fugas
06 Feb 2026. Actualizado a las 05:00 h.
No es Paul Newman, es Timothée Chalamet, y no juega al billar, sino al ping pong, pero El buscavidas y Marty Supreme son muy similares en lo que a sus protagonistas se refiere. Dos jóvenes ambiciosos y de origen humilde, dispuestos a cualquier cosa con tal de llegar a la cima de los deportes que aman y que, entremedias, deben encontrar sustento para sobrevivir. Esto no es una historia aspiracional (tampoco lo era la película de Newman), todo lo contrario. Chalamet da vida a Marty Reisman, un chaval judío de Manhattan cuyo objetivo es conquistar el campeonato mundial de tenis de mesa. Para lograr su objetivo, Reisman se mete en enredos de distinta índole y arma una sarta de mentiras alrededor de su figura para atraer la atención de los focos y el favor de los poderosos. Su discurso es claro: «Soy una estrella y he de ser tratado como tal». La realidad es que es un pobre diablo, ególatra y narcisista, que piensa que todas sus jodiendas al prójimo quedarán impunes, pero que irá cayendo de la burra durante el transcurso de un metraje de dos horas y media que el espectador pasará en un estado de alerta perpetuo. Good time y Diamantes en bruto, las anteriores obras de Josh Safdie, director de la cinta, seguían este mismo patrón, algo que se ha convertido en una de las señas de identidad de su cine, pero Marty Supreme supera a sus predecesoras a nivel narrativo y formal, convirtiéndose en todo un tour de force que te arrastra y te sacude, sin posibilidad de escapatoria. Un relato intrincado y lleno de situaciones límite, de las que el protagonista va saliendo a duras penas, sumando enemigos aún más desalmados que él a su paso.
Y es que, aunque Marty sea un tramposo, de algún modo quieres que las cosas le salgan bien. Timothée Chalamet dota al personaje de cierto encanto y logra una interpretación inapelable, otra más en la que, con 30 años recién cumplidos, ya es una de las filmografías más potentes del Hollywood actual. Ahí es poco.