El rito de nuestro tiempo
Fugas
03 Jul 2015. Actualizado a las 05:00 h.
En el arranque de Sobre el deporte (Contra Ediciones) evoca Javier Bassas el partido de fútbol que se disputó el 16 de marzo de 1975 en el campo del Parma entre los equipos de rodaje de Saló o los 120 días de Sodoma, con Pier Paolo Pasolini al mando y ataviado con la camiseta del Bolonia, y de Novecento, con Bertolucci liderando una escuadra de atuendos psicodélicos.
La cosa no acabó bien para Pasolini, que perdió 5-2 o 19-13 (hay versiones confusas sobre el resultado), y tuvo que conformarse con volar más alto que Bertolucci en la pantalla.
Recopila Bassas en este volumen una deliciosa colección de artículos y entrevistas donde el gran cineasta italiano -tifoso convicto y confeso del Bolonia- reflexiona sobre fútbol, boxeo, las Olimpiadas de 1960 en Roma y el deporte como espectáculo de masas.
Pasolini lo mismo se lanza a interrogar a la plantilla del Bolonia sobre sus hábitos sexuales que analiza el Inter de Helenio Herrera o se refugia en «el idealismo del instituto, cuando jugar al balón era la cosa más bella del mundo»:
-Todas las tardes que pasé jugando en los prados de Caprara fueron indudablemente las tardes más bellas de mi vida.
Salta Pasolini de la banda -era extremo izquierda, claro- al catenaccio y a un joven Capello que ya anticipaba el juego moderno, «la precisión máxima a la máxima velocidad».
El fútbol, admite el intelectual, «es el único gran rito que queda en nuestra época». Era 1970. El año en que esa «última representación sagrada» cristaliza en la final del Mundial entre Brasil e Italia. La poesía, apunta Pasolini, es el regate, el gol. Y en el estadio Azteca la poesía brasileña de Pelé destroza a la «prosa estetizante» de Italia.
Por aquí se pasean también Merckx o «el desbordante Cassius Clay», medalla de oro en Roma. El cineasta asiste con Alberto Moravia y Elsa Morante a la inauguración de los Juegos (Andreotti, descubrimos, ya estaba allí), pero prefiere verlos en la tele de una pizzeria del barrio de la Maranella y no en el pomposo estadio olímpico. «Me aburren todas las exhumaciones», sentencia.