«Llegará un día en que habrá que adaptar las óperas, como se adapta a Shakespeare o a Molière»
Fugas
Joan Font cargaba camiones, «menos cuando tenía relaciones públicas, que iba de chaqueta», en los primeros años 70, cuando la compañía de teatro Els Comediants, de la que es director artístico., echaba a andar en Barcelona. Pero últimamente no solo se ha enganchado a la ópera, sino que la magnifica: acaba de montar en Toronto «El barbero de Sevilla» ante 4.300 personas, y estos días ensaya en Galicia «La flauta mágica» que cerrará la temporada lírica de A Coruña
19 Jun 2015. Actualizado a las 05:00 h.
Habla con tal pasión de lo que hace que es imposible no acompañarlo en su entusiasmo. Gesticula, enfatiza, bromea, se emociona, sonríe y defiende la necesidad de viajar -él lo ha hecho por todo el mundo- para evitar «mirarse el ombligo y pensar que eres único: aquí el duelo es negro, allí es blanco, y les funciona igual...». Desde el pasado lunes ensaya en Galicia La Flauta Mágica, la ópera que clausurará la Temporada Lírica de A Coruña con dos funciones, los próximos 25 y 27 de junio.
-¿La ópera no es tan seria como la pintan?
-Cuando hice la primera ópera, en 1999, venía de las olimpiadas del 92 [dirigió la ceremonia de clausura], de Demonis, de todas aquellas paridas. Estaba montando precisamente La Flauta Mágica en el Liceo y me decían: «Tú estás siempre muy tranquilo, alegre, jugando...». Porque yo venía de una historia de mil y pico personas, y en la ópera solo hay ciento y pico. Esto para mí es pequeño formato, dadme algo más grande, les decía en plan de broma.
-Ahora repite con Josep Pons, director musical del Liceo, con el que se estrenó.
-Sí, porque queremos recuperar aquel inicio. Esta ópera la hemos hecho juntos otra vez, también en el Liceo, pero luego yo la he hecho con otros directores y él hizo otras historias. Entonces, nos hacía mucha ilusión hacerla de nuevo y por eso estoy aquí.
-¿Cuántas veces ha hecho La Flauta Mágica?
-Creo que es un récord Guinness, muchas veces y en muchísimos sitios. En el Liceo de Barcelona, unas cinco veces. No sé si aquí va a ser de las últimas, porque ya toca el final. Me decía un amigo del gremio que esta Flauta seguramente va a abrir en Estados Unidos. Ocurre lo mismo con La pequeña flauta mágica que en estos momentos lleva más de 800 representaciones en castellano, catalán, francés e inglés. La hicimos en el Liceo y por toda España, en teatros medianos, y en Francia, en Irlanda, en Inglaterra...
-¿Está haciendo las Américas?
-Viajo muchísimo allí, sobre todo con Rossini, a Toronto, a Washington. Me han concedido cinco nominaciones para unos premios que tienen un apartado de ópera que es algo increíble. Son por El Barbero de Sevilla que hicimos ahora en Toronto.
-Que fue todo un éxito...
-Brutal, se me pone la piel de gallina al recordarlo. El teatro era de ¡4.300 localidades! El escenario quedaba allá, pequeñito, pero se oía perfecto. Espectacular. También estuvimos en Washington haciendo La Cenerentola que allí era un hit, una cosa tremenda. Escogieron para hacerla, además, un jardín con 15.000 personas al aire libre, con pantallas grandes para verla mientras se representaba en el escenario porque no había localidades para todos. Había familias enteras con los niños, fue un bombazo.
-¿Cómo fue el salto de Els Comediants a la ópera?
-Siempre me lo tomé como un juego, en el buen sentido. Lo tengo claro en cuanto a las dimensiones y entonces me siento muy a gusto, porque todos los espectáculos que he hecho han sido musicales, siempre. Soy el primero en España que pongo música en directo a un espectáculo, en el 72 pongo una guitarra y una batería (lo que en aquel momento se podía poner) y ya no he dejado de hacerlo.
-¿Por alguna razón?
-Podría contestar... [hace un gesto ampuloso y se ríe], pero es que en mi casa siempre había música, mi madre era pianista. Pongo música porque sabes que es un complemento perfecto con el arte escénico. Por un lado está la emoción de la música, que es totalmente irreal, emocional, y por otro el teatro, que es totalmente real. Por eso yo creo que casan tan bien. La ópera para mí es lo máximo, la orquesta, el coro, la música, los cantantes. Es como una plenitud. Con Comediants hago otras cosas diferentes.
-¿Comediants es sinónimo de calidad?
-Comediants es sinómino de un trabajo serio, de un trabajo continuado, de una búsqueda, de no estar contentos nunca con lo propio. El otro día lo decía hablando de La pequeña flauta mágica: yo sé lo que he hecho, lo que está por dentro, y todavía hay un camino para hacer, porque Mozart no la compuso pensando en los niños. Lo próximo es hacer una ópera para ellos, que hable de sus padres, de sus cosas. Me decían «vas muy fuerte». Sí, porque una vez que entras no puedes quedarte con lo que ya funciona, con lo correcto, tienes que provocar, ir un poco más allá. Y eso me pasa con todas las óperas cuando termino y dicen qué bien. Sí, sí, pero sé que aquí he fallado, sé que hay cosas en las que tenemos que dar un paso más.
-¿Hay mucho que cambiar en la ópera?
-Llegará un momento en que se tendrá que adaptar, como se adapta a Shakespeare, a Molière, para la gente joven de hoy en día. Eso nos tocará. Una aria se podrá tocar, acortar, y otra no. Ahora estoy pensando en un Elixir d?amore para chavales y estoy loco: ¿Cómo entrar en esto? Porque no es una obra pensada para ellos, ¡Donizetti no lo pensó!
La flauta mágica. A Coruña. Palacio de la Ópera. 25 y 27 de junio. 20 horas.De 15 a 55 euros. Josep Pons, director musical. Joan Font, director de escena. Producción del Liceu de Barcelona y Festival Mozart de A Coruña. Coro y Orquesta Sinfónica de Galicia.