La Voz de Galicia

«Los lutiers somos sastres, hasta nos fijamos en el tamaño de las manos»

As Pontes

bea abelairas Ferrol

Cada pieza que sale del taller pontés Moldes es fruto de muchas horas de trabajo y de no pocas elecciones, desde la madera hasta un diseño a medida del músico que la pide

02 Oct 2016. Actualizado a las 05:00 h.

 «Si no construyes una guitarra desde cero, si solo te dedicas a repararlas, entonces no eres un lutier», así de claro lo tiene Javier Moldes. Desde su taller en As Pontes (www.moldesguitars.com) este artesano y músico crea instrumentos para toda Europa y por ello se convierte en el mago que los repara para espacios tan reconocidos como Backstage Guitars de Vigo. Aunque estas curas las hace casi por compromiso: «Lo de arreglar guitarras es una cosa que viene aparejada, pero realmente siento cuando las construyo».

Y por eso reivindica tanto esta parte de su trabajo: «Los lutiers somos como sastres, hasta nos fijamos en el tamaño de las manos de la persona que nos pide el instrumento». Para Moldes las maderas son sus metales preciosos: «Mucha gente se olvida que incluso las guitarras eléctricas las llevan y que influyen mucho en el sonido, en mi taller las reinas son la caoba, el arce, el ébano y el palosanto». Otra de sus obsesiones de creador son sus instrumentos: «Intentas que todo esté perfecto, medido, cuidado... A veces pienso que tratamos las guitarras como ahora se cuida el proceso de un vino especial».

Antes de ponerse a coser una guitarra, Moldes se enfrenta con los deseos del cliente, que no siempre son los más racionales. «Cada persona tiene una guitarra ideal, que no tiene que ser la más conveniente para él. Si tengo que recomendar siempre aconsejo una versátil, pero con los guitarristas pasa como con los moteros: una vez que se enamoran de un modelo ya no pueden cambiar. Y después es cierto que cada pieza tiene su voz, así que no puedes cambiarla fácilmente por nada».

Javier tiene 38 años y desde que es casi un niño vive para la música (también intrepreta y es devoto del hard rock): «Cuando comencé a tocar veía que me gustaba, pero también que necesitaba experimentar con los instrumentos, abrirlos y ver cómo eran». De ese gusanillo nunca se curó. Con el tiempo estudió el magisterio que está especializado en música y llegó a convertirse en maestro, pero su vocación se llevó por delante este plan de vida. «Estudié para ser profesor y tenía un buen trabajo -con un buen contrato- enseñando, pero lo dejé porque no me permitía dedicarme a lo que me gustaba. Si me quedaba de maestro, nunca iba a ser lutier», dice calificando de «necesaria» la «locura» de renunciar a un trabajo estable.

Los Suaves

Gracias a este cambio de rumbo vital creó una factoría a la que dedica muchas horas: «Estoy muy atado, esto necesita mucha dedicación», pero se muestra feliz incluso con algunas reparaciones especiales, como la que hizo a una guitarra que perteneció al guitarrista de Los Bravos. «Estaba destrozada, casi un año tuvo que estar aquí». Entre las piezas que construyó recuerda con cariño la de Alberto Cereijo, de Los Suaves.

su carrera

«Estudié para ser profesor y tenía un buen trabajo enseñando, pero lo dejé porque no me permitía dedicarme a lo que me gustaba. Si me quedase de maestro, nunca iba a ser lutier»


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