Divorcio naval
Ferrol
13 Feb 2014. Actualizado a las 07:00 h.
Cómo era aquello de que el que gobierna lo hace para todos, tanto si le votaron como si no? La crisis del sector naval ha abierto una brecha entre la ciudad de los astilleros públicos y el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, que ha estado 16 meses sin pisar Ferrol. Sus críticas abiertas a la dirección de Navantia por la falta de frutos de su gestión comercial, a la que instó en plena campaña electoral a «mover el culo», y el embrollo en el que se convirtió a priori una buena noticia como fue el contrato para la fabricación de un flotel para Pemex fueron determinantes para que el presidente gallego se negase durante casi un año y medio a acudir a la ciudad y a escuchar a los trabajadores.
Solo en ese escenario se explica -aunque no se justifica- que la recepción en la ciudad a los dirigentes de Pemex y la confirmación de la asistencia de Feijoo a ese acto se hiciese en el más absoluto secretismo hasta una hora antes de celebrarse. Difícil de entender, si no, que se llevase a cabo en el Concello, y no en el astillero que se encargará de la fabricación del buque, siendo una prueba más de que la tinta política ha impregnado la letra de ese contrato. Una obra importante por el contexto, la primera lograda por la Xunta para un sector naval en el que no ejerce competencias pese a haber aprobado una ley que se las da.
¿O será que aún quedan otros compromisos sin cumplir, como el dique flotante o el centro de reparaciones, para los que aún no tiene respuesta para Ferrol?