La Voz de Galicia

Educación

Ferrol

Miguel Salas

27 Nov 2013. Actualizado a las 12:46 h.

Es doloroso, para un profesor de lengua como es un menda, ver los severos problemas de alumnos de dieciséis años para comprender un texto escrito de determinada complejidad. La reacción primera es la de culpar a los muchachos -la tele, los móviles, las discotecas- pero a poco que se analice el asunto con rigor se cae en la cuenta de que toda la responsabilidad la tenemos los docentes y, más aún que nosotros, los capitidisminuidos que programan las asignaturas en ese gran Templo del Rebuzno que es el Ministerio de Educación.

La competencias básicas de la lengua -la comprensión lectora, la expresión oral y escrita- son eminentemente prácticas. A entender un texto se aprende leyendo y reflexionando; a escribir, escribiendo, y a hablar, hablando -hasta vergüenza da escribir tamañas obviedades-. Resulta, por lo tanto, muy irritante abrir esos libros de texto llenos de huecos para rellenar, morfemitas perdidos en busca de dueño y deprimentes definiciones que nada aportan a la formación humanística del alumno. Los programas de lengua son un indignante monumento a la memoria a corto plazo, al vómito verbal, al olvido instantáneo. Culpa nuestra, pues, si nuestros críos están indefensos -y perdonen que diga esto en un periódico- antes los intereses de los grandes grupos mediáticos, de los partidos, de las multinacionales. ¿Qué pueden hacer los pobres, si les privamos de aprender a usar su lengua, el principal puente entre mundo y cerebro?


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