La Voz de Galicia

El cambio

Ferrol

José Varela

28 Mar 2010. Actualizado a las 03:00 h.

La prisa nos devora. La velocidad, tal vez mejor sería decir fugacidad, es el tiempo de nuestro tiempo, que viene a decir el último Tabucchi: antes, el tiempo envejecía más lentamente. No es una reflexión de vejestorio, es un hecho. Embaucados, elevamos a categoría el valor del cambio por el cambio: ahora pantalones negros, mañana amarillos, pasado verdes, más tarde de pierna acampanada, después estrecha... siempre diferente, siempre rápido (para cuándo esa urgencia en las listas de espera de la sanidad pública, en el pago de la dependencia, en la Justicia). Solo algo permanece inmutable, el sentido de la circulación del dinero: el fabricante de pantalones es el mismo. Sustituimos los pantalones y reemplazamos las viviendas, canjeamos las ciudades (ahora, a nuestro pesar, más despacio porque la crisis aprieta, pero no es por falta de ganas, no, que bien añoramos la burbuja de Aznar). Quedan abandonados espacios espléndidos -barrios de la Magdalena o Ferrol Vello-, lugares con historia, con calor humano, con ecos de generaciones pasadas, con esquirlas de nuestras propias sagas familiares, y son pasto del desinterés y la herrumbre por una dejadez impropia de una ciudad que se ame mínimamente a si misma, y habitamos ensanches inhóspitos, edificios de más pisos, más hormigón, plazas también de hormigón. Pero no nos engañemos, el cambio ha sido ilusorio: Ferrol Vello y la Magdalena siguen ahí, para avergonzarnos, y el sentido de circulación del dinero permanece invariable hacia las mismas cuentas corrientes.

Tal vez por eso sea adecuado mantener a buen recaudo la estatua de Franco y su cabalgadura. No fundir su bronce: porque, en la premura de los cambios, desaparecido el símbolo pudiera llegar a creerse que desaparece lo que simboliza (la prensa extranjera hace solo dos días: los falangistas echan de la judicatura a Garzón). Hay que conservar la estatua, como una señal de tráfico de prohibido el paso. Para recordar. Para no olvidar.


Comentar