Píldoras de risa en el Marcide
Ferrol
Todos los lunes, desde principios del 2008, los niños ingresados en el hospital ferrolano reciben la visita de un doctor que, en vez de pastillas, receta buen humor
23 Nov 2008. Actualizado a las 02:00 h.
Lunes, 17 de noviembre. Arquitecto Marcide de Ferrol. Poco antes de las cinco, Alfredo Pérez, un coruñés de 30 años, cruza el vestíbulo del centro hospitalario sin llamar la atención. Pasa completamente desapercibido, nadie se fija en él. Sin embargo, pocos minutos más tarde todos los ojos se vuelven para mirarlo. Un poco de maquillaje por aquí, un bombín inglés por allá, medias naranjas hasta las rodillas, pantalones con tirantes... Y voilà . Fredi, como se hace llamar este payaso en el mundo artístico, consigue convertirse en el doctor Niquete en un pispás.
Con una bata blanca plagada de dibujos y un maletín que se parece mucho al de Mary Poppins, este nuevo médico del Marcide se pasea por la planta de pediatría recetando sonrisas en lugar de medicamentos. Porque Niquete es uno de los cuatro doctores Sonrisa que la Fundación Theodora envía todos los lunes al Marcide para hacer más llevadera la estancia de los niños hospitalizados.
La experiencia se puso en marcha a principios de este año, y desde entonces, los «facultativos» de la organización suiza ya han visitado a casi 800 pequeños en el centro ferrolano. Fredi lleva haciéndolo solo cuatro meses, porque hace poco tiempo que se incorporó a la fundación.
Mientras se cambia de ropa -y se transforma en Niquete-, el coruñés cuenta que antes de convertirse en un doctor Sonrisa tuvo que pasar un período de formación práctica y teórica de seis meses en Madrid. Y es que para entrar en la Theodora no basta solo con ser un buen artista. Además de estar licenciado en Educación Física, Fredi es acróbata, actor y profesor de pantomima, pero nunca hasta este 2008 había actuado ante niños enfermos. No sabía lo que era trabajar a pie de cama.
Cómo trasladar su talento a las habitaciones de un hospital fue algo que tuvo que aprender en Madrid, recibiendo clases de diferentes artistas, formándose en psicopediatría y trabajando codo con codo con los profesionales de la Escuela de Enfermería de La Paz.
Objetivo
A Fredi solo le falta ponerse la bata, pero todavía tiene tiempo para explicar algunas cosas más de su trabajo. Cuenta que lo más importante para un doctor Sonrisa no es tanto que el niño se tronche de risa con su actuación como «conseguir cambiar el ambiente que se respira en la habitación». Que haya un «antes y un después de la visita», dice Fredi. «Nuestro principal objetivo -explica a continuación- es abrir una ventana de aire fresco para aliviar el sufrimiento de los niños hospitalizados, y para eso a veces no hace falta hacerles reír, sino simplemente escucharles».
Ha llegado el momento de pasar revista a los pequeños pacientes. Fredi se ha esfumado como por arte de magia y ahora toma el mando Niquete, un «doctor muy correcto y elegante, al más puro estilo inglés», según explica el propio actor, creador del personaje.
En la primera habitación se encuentra con Vanesa, una niña de 14 años que lleva ingresada varios días tras sufrir vómitos y mareos. Al principio se muestra seria, algo tímida, pero el doctor Niquete hace bien su trabajo: lanza bolas de colores al aire, se tropieza constantemente con los muebles y saca cosas impensables de su maletín. Vanesa no aguanta más y se retuerce de risa en la cama. Y no es la única. María, su madre, también estalla en carcajadas: «¡E que se ela ríe, os demais tamén estamos contentos!», dice sonriente.
Pasan los minutos y a Niquete le esperan otros niños. En la tercera planta ve a tres pacientes más, y en la primera, a nueve pequeños de menos de dos años. Tras las visitas, Fredi se quita el maquillaje y vuelve a cruzar el vestíbulo del Marcide. Pasa desapercibido, nadie se fija en él. Pero tras de sí deja a 13 niños felices.