La Voz de Galicia

Sin ánimos para poder gritar

Ferrol

Elena Dopico ferrol

En directo | Primera movilización de la plantilla

05 Aug 2005. Actualizado a las 07:00 h.

«Hundidos», «tristes», «deprimidos». Son los términos que usan para definir su estado de ánimo actual. De su boca también sale con frecuencia el calificativo «abandonados». Algunas, como Teresa, resultan mucho más gráficas y aseguran sentirse como «una colilla tirada en el suelo». Decenas de trabajadores de Unicén se concentraron ayer delante del Ayuntamiento ferrolano para protestar por un cierre que los deja en la calle. Se han reunido mujeres, como Fe, que han dedicado su vida entera a la empresa: «Entré con sólo 14 años y llevo 32 trabajando allí. Nunca me he dedicado a otra cosa». Trabajadoras de cuyo sueldo depende económicamente toda una familia, caso de Teresa: «No sé como vamos a sobrevivir cuando se me acabe el subsidio del paro». Y muchas, una gran mayoría, que se preguntan qué va a ser de ellas a partir de ahora: «No veo ninguna posibilidad de encontrar un nuevo empleo. Si a los jóvenes les cuesta hacerlo, imagínate a las que tenemos 40 ó 50 años», explica María, resumiendo un sentir general. El término reconversión, tan conocido en la comarca, se escucha repetidamente en varias conversaciones. «No se trata de nada nuevo. Yo ya viví esta situación con mi marido, que trabajaba en los astilleros de Fene», comenta Ángeles. «Nos ignoran porque somos menos empleados que en Izar o Endesa. Sin embargo, cada día aparecen noticias de empresas del sector que cierran o que entran en crisis. Estamos sumidos en una nueva reconversión que, en lugar de naval, es textil», opina Mari Carmen. El silencio protagoniza buena parte de la concentración. Los lemas de «Unicén solución» o «Xunta, escoita, Unicén está en loita» sólo se oyen de forma esporádica y a través de pocas voces. Quizás ocurre porque muchos no confían en la eficacia de la protesta: «No creo que sirva de nada, pero hay que luchar, permanecer unidos y hacernos escuchar para que, por lo menos, no vuelva a suceder», asegura Nuria. Aunque, probablemente, el silencio se deba a que a los trabajadores de Unicén no les quedan ya fuerzas , tal como comenta uno de los presentes: «Es que no tenemos ánimos ni para gritar».


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