Rebobinando en la cinta del tiempo
Ferrol
LUIS LLERA FERROL AND ROLL Los Limones forman ya parte de la historia musical contemporánea de Ferrol. Un grupo que ha marcado época y al que hemos reservado este espacio inicial de «Ferrol and Roll», una sección que ahora nace, abierta a formaciones de toda la comarca que tengan inquietud por hacerse oír. La banda, además de crear una abultada discografía, ha servido y sigue sirviendo de punto de referencia, de brújula, para que otros grupos ferrolanos hayan seguido el rumbo a la búsqueda de un público, un reconocimiento y, en el mejor de los casos, un prestigio propios. Una especie de hermanos mayores a los que emular, respetando y guiándose cada uno, eso sí, por su espíritu musical propio y una personalidad definida. Activamos la máquina sonora de papel y la cinta empieza a rodar...
06 Jul 2000. Actualizado a las 07:00 h.
Un dato importante, que tal vez algunos desconozcan, es que Los Limones siguen actualmente en activo. Desarrollan su trabajo desde A Coruña. Quizá de Ferrol sólo quede un recuerdo en forma de canción: «Aquí está mi hogar, donde se acaba el mar...». Su última referencia sonora data de hace algo más de tres años, el disco 7 mares que incluye un tema central en forma de versión del clásico de Toquinho Acuarela, todo un icono de la música brasileña, pasado por el tamiz musical de la banda cítrica. Di-versiones Un dato para que cada uno saque sus propias conclusiones: coincidiendo con la edición de esta canción-versión de Los Limones, unos cuantos meses después, el grupo Seguridad Social edita un disco que contiene curiosamente la misma versión, llegando a las listas de éxito. Una clave para los malpensados: Los Limones habían mantenido algunos contactos previos con el sello discográfico en el que milita la veterana banda Valenciana, para editar 7 mares, no llegando a un acuerdo final. Moraleja: el que no corre... Los inicios del grupo en Ferrol, de una manera oficial, se remontan al año 87, cuando el anuncio publicitario de una marca de desodorante, contenía la frase mágica para el bautismo, «Los limones salvajes del Caribe», que adoptaron como Los limones del Caribe. Imponderables de tipo legal obligaron posteriormente a la reducción del nombre..., ya se sabe, la ley del mercado. La prensa especializada de la época hablaba de ellos en estos términos: «Pop sencillo muy bien trabajado y que dará que hablar», buen augurio. Ellos insinuaban su talante musical en tono poético: «El mar y el desamor son la constante de nuestra vida, por eso siempre están presentes en nuestras canciones». Incluso se les podía ubicar en la geografía musical, su música recibía pulsaciones de la Costa Oeste de Estados Unidos, paradójicamente facturada desde la Costa Oeste de la Península. Llamaron especialmente la atención por ser pioneros en la utilización de un instrumento hasta entonces desconocido en las formaciones de todo el país, la steel guitar, que manejaba con destreza Alvarito, y que por cierto, la había comprado a través de un catálogo y consiguió dominar de una manera autodidacta.