Jeff Koons: «El dinero es abstracto para mí»
Extra Voz
Para unos es un genio con mente de acero. para otros, un ídolo con pies de barro. El artista vivo más cotizado del mundo busca la trascendencia en sus populares «perros globo», sus caballos de troya particulares. Sus obras valen millones, pero él habla constantemente de la trascendencia. él es Jeff Koons
14 Jun 2015. Actualizado a las 05:00 h.
Jeff Koons es el hombre de acero. Al verlo por los pasillos del Guggenheim de Bilbao, donde se expone hasta septiembre un completa retrospectiva de su polémica obra, uno podría pensar que sigue siendo aquel broker que pisó Wall Street para recuperar el dinero perdido en el empeño artístico. Está moreno, pero solo lo justo, y sonríe de forma amigable y serena. Pero debajo de su traje de Dior, azul como sus ojos, se esconde Iron Man. A sus 60 años, Jeff Koons levanta cada día, en el gimnasio de su estudio pegado al río Hudson, pesas de más de 150 kilos. Tan robusta como su cuerpo parece su mente. En su discurso bien aprendido y afianzado en la autoestima no hay fisuras. Está seguro de estar sentado a la misma mesa que sus admirados Picasso, El Greco, Manet, Courbet, Velázquez, Goya y Dalí, con los que le gustaría tener un diálogo de tú a tú. A pesar de ser una estrella internacional, su pose no es de divo. Es generoso con su tiempo y se presta a charlar sobre su filosofía vital en torno a un café que él ni prueba. A quienes ven en ello mercadotecnia él les responde con condescendencia: «Me gusta la gente».
QUIERO SER COMO DALÍ
«El primer libro de arte que tuve de niño fue uno de Dalí. Me encanta el dadaísmo y el surrealismo y Dalí me ayudó a empezar un viaje de mirar hacia adentro y a creer en mí mismo. Una vez que crees en ti mismo puedes salir al mundo exterior y creer en otros. Dalí fue el artista más generoso conmigo. Lo conocí en Nueva York cuando yo tenía unos dieciocho años. Me invitó a verlo en el lobby del hotel y fue muy puntual, estaba allí a la hora pactada e iba vestido con aquel abrigo de piel de búfalo, su corbata de diamantes incrustados y su bigote. Cuando conocías a Dalí te hacía sentir que estabas experimentando el momento más importante de tu vida. Me invitó a ir a su exposición y fue tan generoso conmigo que salí pensando: ?Yo puedo hacer esto, ser parte de una vanguardia underground y hacer del arte un modo de vida?».
AFRONTAR LA CRÍTICA Y LA POLÉMICA
Algunos sectores del mundo del arte critican la obra de Jeff Koons, que atravesó su etapa más polémica en los noventa cuando, junto a su primera esposa, la actriz porno Cicciolina, creó una serie de obras de fuerte contenido sexual. Él, que tiene en su dormitorio un cuadro de Courbet similar a El origen del mundo, habla de «eliminar la culpa y la vergüenza» y «aceptar el propio cuerpo». Hoy sus obras tienen su máxima expresión en sus Perros globo de acero inoxidable, cuyo valor artístico también es cuestionado. Uno de ellos, el de color naranja, se subastó por 52 millones de euros, la obra más cara de un artista vivo. Él esquiva sin alterarse las preguntas que buscan incomodarlo. «Los críticos se ganan la vida y creo que siempre han apoyado mucho mi obra, teniendo en cuenta que reivindico la supresión de la crítica y de los juicios y la aceptación de todo».
COTIZACIÓN MILLONARIA
«Mi placer siempre ha sido ser parte de la comunidad artística. Puedo sentirme conectado con Manet, Courbet, Velázquez... El aspecto económico del arte es tan abstracto para mí... Cuando me hablan del dinero y los premios no entiendo en qué modo eso guarda relación conmigo. La recompensa del arte es algo diferente que yo atesoro».
CREACIÓN INDUSTRIAL
Jeff Koons coge un pincel ocasionalmente. Sus piezas, principalmente de acero inoxidable, nacen de un complejo proceso industrial en el que trabajan los 150 empleados de su estudio neoyorquino, aunque él decide hasta el último pliegue del metal. No echa de menos mancharse las manos de pintura: «Hay un tipo de libertad que consiste en estar solo en una habitación con tu obra, pero también hay una libertad en hacerlo en compañía de otros. Disfruto de todos los aspectos del proceso creativo. Si necesito pintar solo en mi estudio, cancelo citas y adapto mi agenda. Siempre estoy al servicio de mi arte y mi vida. Es la manera de ser mejor ser humano. Yo quería esto, quería liderar y ahora tengo una plataforma tremenda. No quiero malgastar mi vida, quiero vivir al máximo de mi capacidad».
EL PASO DEL TIEMPO
Koons sostiene que Picasso mejoró como artista con el paso de los años y ese es su modelo. «El mito del artista joven es completamente opuesto a la realidad. Un artista se hace cada vez mejor. Picasso era cada vez mejor. Cuando empiezas mi retrospectiva ves el poder de un joven artista y cuando acabas ves lo mismo pero con la fuerza y el intelecto detrás. Lo que ves es cómo un gran artista se hace mejor».
LO QUE OPINA EL PÚBLICO
«Me gusta pensar que cuando determinados individuos se enfrentan a mi arte este les hace sentir cómodos y se abren a elementos familiares. Una vez que la obra está acabada es un transpondedor que dialoga con el espectador en función de sus posibilidades, es algo totalmente ajeno a mí. El museo está lleno de cosas que pueden disparar respuestas emocionales e intelectuales. El arte es el potencial del espectador para activar la obra».
FRACASOS
«Nunca miro atrás. En mi vida ha habido fracasos económicos, como cuando tuve que volver a vivir con mis padres, pero mi impulso siempre fue ser parte de este diálogo. Nunca he pensado en la recompensa económica, más allá de mi convicción de que si hacía la mejor obra posible, la sociedad cuidaría de mi».
INSPIRACiÓN
«Lo único que puedes hacer como individuo, tengas la profesión que tengas, es ser honesto y seguir tus intereses. Cuando te centras en tus intereses, esto te transporta a un lugar metafísico que te conecta con un vocabulario universal y te proyecta en el futuro».
HÉRCULES, su ICONO
Una gran estatua de Hércules Farnesio de escayola con una esfera reflectante azul en su hombro es uno de sus iconos actuales. «Me gusta mucho Hércules. Entreno cada día, levanto más de 150 kilos para mi propia satisfacción. Me parece una metáfora del proceso creativo y me gusta sentir ese peso, porque un día estaré muerto y ya no tendré más sentimientos».