La Voz de Galicia

«El niño que veía delante no tenía nada que ver con el que iba a mis clases»

España

Cristian Reino barcelona / Colpisa
Alumnos del instituto Joan Fuster de Barcelona se tapan con chaquetas en protesta por el uso de su imagen por los medios de comunicación.

Al profesor que lo redujo le sorprendió la actitud del chaval, que había ido al psicólogo y que en su casa tenía dos escopetas de balines y ballestas de juguete

22 Apr 2015. Actualizado a las 05:00 h.

David Jurado Fernández, el profesor de Educación Física del instituto Joan Fuster que evitó el lunes una tragedia aún mayor, no es capaz de entender lo que pasó. «La persona que tenía delante -dijo ayer, todavía perplejo- no tenía nada que ver con el niño que iba a mis clases». Jurado pudo desarmar y reducir a Max, el menor que acababa de matar al profesor de Ciencias Sociales e iba a lanzar un cóctel molotov, pero el día después, en medio de un panorama de conmoción y duelo, seguía entre incrédulo y sorprendido. «No se podía prever nada», repetía.

Jurado relató ayer a las puertas del instituto Joan Fuster que «el chico no había dado ninguna muestra que pudiera anticipar que esto pudiera pasar; hay tensiones que se acumulan en los adolescentes y si encima tiene una enfermedad, ocurren cosas imprevistas». El profesor de Educación Física, que también ejerce de psicólogo, señaló que Max es una persona «fantástica» y comentó que logró conectar con él sin ningún problema para que dejara la ballesta, el machete y el cóctel molotov. «Es un niño y al final se mostró como tal». Una vez desarmado, David lo abrazó y el chico rompió a llorar.

El chaval permanece en el hospital Sant Joan de Deu, en Barcelona, donde los médicos continúan con las pruebas que deberán determinar qué pasó por su cabeza para coger una ballesta y un machete y perpetrar un ataque violento en el instituto, que acabó con una persona muerta y cuatro heridas, todas dadas ya de alta. La Consejería de Educación insistió en que se trata de un «claro caso de enfermedad mental» con un «brote psicótico». Opinión que, no comparten todos los psicólogos.

«Podemos estar ante una patología sostenida que hizo explosión o que se manifestó por primera vez», afirmó la consejera Irene Rigau. Las autoridades educativas de Cataluña descartan que los hechos del lunes en el Joan Fuster sean un caso de violencia escolar y negaron que en el expediente del joven constaran incidentes, conductas agresivas ni peleas. Solo se le hacía un seguimiento, dijeron, por una «bajada importante del rendimiento académico» y porque «últimamente se distraía».

Entretanto, los Mossos, en el registro que efectuaron el lunes en la habitación del chaval, hallaron un machete, dos rifles de balines, tres ballestas de juguete y el croquis de un plano que podría corresponder al instituto, lo que abonaría la teoría de que el ataque fue premeditado, como relataron sus compañeros, a los que ya había contado todo el arsenal que atesoraba en casa.

«Tenemos que matar a todos»

Los agentes de la Policía catalana requisaron además el ordenador de la familia para analizar qué páginas web visitaba el chico y con quién chateaba, así como dibujos encontrados en su cuarto, entre otros unos sobre monstruos en los que aparecía la leyenda «tenemos que matar a todos». Los Mossos no hallaron medicinas, a pesar de que el chico decía que estaba en tratamiento por esquizofrenia. Los padres, educador social y enfermera, reconocieron que el chico iba al psicólogo. El padre, además, declaró que la ballesta que el menor usó en el asalto es suya y que es un regalo que recibió hace veinte años. Eso sí, dijo que la tenía guardada en otra casa.

Mientras, y a la espera de que hoy se reanuden las clases en el centro, en el día después de la tragedia y día de luto oficial en Cataluña, se sucedieron los actos de homenaje por las víctimas. Todo el sector educativo arropó a la comunidad del Joan Fuster, así como las instituciones públicas catalanas. «Todos somos el IES Joan Fuster», afirmó la directora del instituto Alzina, próximo al Fuster y donde se celebró el acto central, que se repitió en todos los centros escolares de Cataluña. También en el instituto donde perdió la vida Abel Martínez. Los alumnos, acompañados por sus padres, rindieron un homenaje íntimo a su profesor de Sociales. «Quiero creer que este chico no sabía lo que hacía», relató uno de los padres a las puertas del instituto. «Hay que intentar superarlo», remató otro.

Podría completar la ESO en un centro especializado

El chico, de 13 años, ya no volverá al instituto Joan Fuster, donde cursaba 2º de la ESO, y podría acabar la educación obligatoria en un centro de menores especializado, dependiente del departamento de Bienestar Social de la Generalitat y alejado de su familia. La consejera de Educación, Irene Rigau, indicó que deberá someterse a un tratamiento y permanecer en el programa «hasta que esté a punto para volver con su familia», y de alguna manera pueda «pedir perdón» y reintegrarse en la sociedad.

Si se confirma el brote psicótico, también podría ser ingresado en una unidad de psiquiatría. «Hay un difunto y hay heridos, pero la gran víctima es este chico», recordó la consejera. La Generalitat se ha esforzado desde el minuto uno en presentar el trágico suceso como un hecho aislado, protagonizado por un «niño enfermo» aquejado por un brote psicótico.


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