Artur Mas y Junqueras se disputan la hegemonía del soberanismo catalán
España
Para el dirigente nacionalista, el adelanto electoral solo tiene sentido si sirve para convertir esas elecciones en un referendo
26 Oct 2014. Actualizado a las 04:00 h.
Artur Mas y Oriol Junqueras se han conjurado para poner toda la carne en el asador con vistas al sucedáneo de votación del 9-N para afrontar con garantías la batalla final, las elecciones plebiscitarias, que sobrevuelan todo el proceso, pero que están aparcadas, al menos por parte del presidente de la Generalitat. «Antes del 9-N no decidiré nada sobre el final de la legislatura», dijo Mas el viernes. Para el dirigente nacionalista, el adelanto electoral solo tiene sentido si sirve para convertir esas elecciones en un referendo. A su juicio, la única manera de que sean comicios plebiscitarios sobre la independencia es que Convergència y Esquerra pacten una candidatura conjunta, aunque a día de hoy «no hay nada hablado ni pactado», según el mandatario catalán.
La ruptura del frente soberanista puso la semana pasada en serio peligro el proceso y Mas y Junqueras, viendo cómo han aumentado los reproches, han aplazado la negociación de verdad para después del 9-N.
Mas y Junqueras llevan dos años como aliados, pero sus diferencias ante el futuro son de calado, no solo de tipo personal para dilucidar quién se convierte en el líder hegemónico del soberanismo. «Compartimos el objetivo, que es la independencia, pero la discrepancia es el camino a seguir», apunta Agustí Colominas, profesor de Historia en la Universidad de Barcelona y durante seis años director de CatDem, la fábrica de ideas de Convergència. «La independencia no se puede conquistar por las bravas», añade. Se refiere a la condición sine qua non que pone Junqueras para alcanzar un acuerdo con Mas: si quiere lista unitaria, debe haber un compromiso por escrito de que lo primero que hará el nuevo Parlamento catalán será declarar la independencia de manera unilateral. Convergència tiene menos prisa y entiende que la secesión llegará después de un proceso de negociación con el Gobierno central. Es más o menos el mismo debate que tenían Mas y Junqueras con la consulta.
El republicano pedía al presidente de la Generalitat que desobedeciera la suspensión del Constitucional y el presidente catalán pedía calma y respeto a la legalidad. En Esquerra no se fían de Mas, pues creen que si no ha sido capaz de ignorar el veto del alto tribunal difícilmente se va a comprometer con la independencia. Los asesores de Mas, en cambio, creen que el Gobierno catalán tiene que ir paso a paso, sin cometer errores y que no sirve de nada una declaración unilateral si al día siguiente no se puede ejercer la soberanía plena. Por ejemplo, declarar la independencia y que los jubilados sigan cobrando la pensión de la Seguridad Social española sería pegarse un tiro en el pie, mantienen.
Los republicanos exigen que haya un compromiso sin ambigüedades por la independencia pues temen que en una negociación con el Estado la reivindicación de la secesión se diluya. Mas y Junqueras están, por tanto, en un pulso personal y político.