El señor presidente
España
02 Aug 2013. Actualizado a las 07:00 h.
Tenemos un presidente que, además de inocente -«no culpable»-, es un buenazo. Rodeado, eso sí, de una caterva de depredadores que abusan de su buena fe. De gerentes y tesoreros como Bárcenas que recaudan donativos y sobornos, amañan contabilidades, sisan millones de euros y reparten sobresueldos. De antipatriotas como Rubalcaba que, en su otoñal afán cinegético, desvirtúan el sentido constitucional de la moción de censura, dinamitan la estabilidad política y colocan la economía del país al pie de los caballos. De ciudadanos ingenuos y manipulados que, según las encuestas, anteponen a la palabra presidencial «un renglón escrito al vuelo en un papel arrugado», hallazgo retórico comparable a los «hilillos de plastilina en estiramiento vertical». ¡Qué gran señor si hubiera buenos vasallos! Tenemos un presidente que, a la hora de postrarse ante el confesionario, apenas exhibe algún pecadillo venial: «Me equivoqué, señor cura, al confiar en Luis». Falta leve que, según el catecismo del PP, no acarrea responsabilidades políticas, máxime después de cumplir la penitencia a rajatabla: repetir dieciséis veces el esdrújulo Bár-ce-nas. Tenemos un presidente que, a diferencia de la jauría política, cree a pie juntillas en la presunción de inocencia (sobre todo, de la suya). Así lo revelan sus SMS de comprensión y aliento a su fiel extesorero: «Sé fuerte, Luis». Tenemos un presidente que no nos merecemos. Quizá por eso, para evitarle mayores disgustos, debería abrir paso a un presidente menos puro y menos ingenuo.