O España exporta más o no salimos
España
Rajoy ha constatado, a su pesar, que no basta con constituir un gabinete del Partido Popular para que se resuelvan los problemas automáticamente
28 Apr 2013. Actualizado a las 07:00 h.
Hay cifras que golpean. Y la de los seis millones largos de parados estremece. Nada que no supiéramos, pero no es lo mismo saberlo a que te lo digan por escrito. Se diría que el Gobierno ha sido el primer sorprendido. Ha constatado, a su pesar, que no basta con constituir un gabinete del Partido Popular para que se resuelvan los problemas automáticamente. Sonará pueril pero eso es lo que parecía proclamar Mariano Rajoy en su campaña electoral. Ya no vale con seguir echando la culpa a Zapatero, «un buen expresidente porque se mantiene callado», según el elogio de Luis María Ansón. De seguir así, en la legislatura de Rajoy se habrá quemado mas de un millón de puestos de trabajo y no colará endosarle el entuerto a nadie. Como dicen las abuelas en Galicia, «cada un, sabe as súas»
Con las cosas así de claras, cabe concluir el desconcierto de la economía española. El modelo productivo está quebrado por las burbujas: la financiera secó el crédito a familias y pymes; la burbuja inmobiliaria disparó las cifras de paro y la mediática remodeló el mapa de la comunicación y la propiedad de los medios con altos costes para el personal. El turismo va bien pero es insuficiente. O España exporta en serio, o no salimos.
El diagnostico ya lo avanzaron Jose Luis Leal, exministro del gabinete de Adolfo Suárez, y el profesor Anton Costas hace dos años: «Solo el sector exportador puede reequilibrar la balanza de pagos y relanzar la economía». Luis de Guindos anuncia que lo primero está conseguido. Algo es algo. Pero lo de relanzar la economía, el Gobierno cada vez lo fía más largo.
Si el diagnostico es tan claro, ¿por qué no se aplica el remedio? Porque salvo en Cataluña, Pais Vasco y Valencia, más casos puntuales como Inditex en Galicia, Abengoa en Andalucía y algo en Madrid, lo de exportar suena a exótico. Un país que se olvidó en sus escuelas de enseñar idiomas, comunicación y sentido emprendedor no podía esperar otra cosa, Y algo más: falta vocación exterior y técnica exportadora, que no se improvisa.
Luis Zanón, director de internacional de Tecnocom, una próspera multinacional tecnológica española cotizada en bolsa, sostiene que, salvo excepciones, la empresa española siempre ha tratado de exportar así: «Lanzan un empleado en paracaídas sobre un país y, si logra sobrevivir, llama por teléfono a casa y alguna vez hasta con un pedido». Así, el éxito queda al azar y para muchas empresas la aventura del expedicionario acaba con los pocos fondos destinados a la operación. Hay que plantear una exportación estructural y no solo puntual como respuesta a los ahogos del mercado interior. La industria española que no contemple esta posibilidad e invierta en ella corre serios riesgos de desaparición.
Y algo más: el cuerpo diplomático debe reconvertirse a lo comercial y abandonar los cócteles de cortesía junto a livianos informes como tarea principal. El presidente Correa de Ecuador premió recientemente a un correligionario político suyo con la embajada en un país centroamericano. El agraciado lo celebró al principio, pero meses después se lamentaba en privado: «Me hundí el día que comprendí que mi misión principal no era otra que la de vender lavadoras y frigoríficos ecuatorianos en el Caribe. Yo quería ser embajador de los de siempre y no agente comercial».
Los empresarios españoles en el exterior añoran un cuerpo diplomático como el francés que abre puertas a su industria sin tregua. Aquí, ese instinto comercial solo es reconocible en el rey y el príncipe de Asturias. A lo dicho: o exportamos en serio y formamos a los técnicos capaces de hacerlo, o no salimos.