Así se infiltró Correa en el corazón del PP
España
A través de unos pocos contactos políticos, la red tuvo acceso a contratos millonarios en las autonomías populares con más poder económico
11 Apr 2010. Actualizado a las 02:00 h.
Todo empezó en 1993. Francisco Correa, un tipo listo pero poco dado a recibir órdenes, que comenzó de botones a los 13 años y que en 1988 había abandonado su trabajo de director comercial de una agencia de viajes para crear su propia firma dedicada a la organización de eventos, comprendió que para crecer a lo grande el futuro estaba en la política. En aquel 1993 había conseguido ya organizar algún viaje para la dirección del PP en Génova a base de reducir al máximo su margen de beneficio. Fue entonces cuando recibió la llamada que cambió su vida. La que lo elevó a lo más alto como invitado de Aznar en la boda de El Escorial. Pero también la que lo hizo descender al infierno de la cárcel en la que rumia el fin de su sueño.
Aquel día, al otro lado del teléfono escuchó la voz del entonces gerente del PP y mano derecha del veterano tesorero Álvaro Lapuerta, Luis Bárcenas, que también aspiraba a algo más que cuadrar las cuentas en un oscura despacho de Génova. Bárcenas le pregunta si se ve capaz de organizar un mitin para el PP. Correa no lo duda y a los pocos días envía un presupuesto imbatible. Tanto que Francisco Álvarez Cascos, entonces secretario general el PP, lo llama a su despacho para preguntarle si no hay un error en ese presupuesto de dos millones de pesetas. El PP pagaba entonces 10 millones por un acto como ese. Desde ese día, Correa tuvo libre acceso a los despachos de Génova. Y no olvidó nunca quién fue su padrino: Luis Bárcenas. Según el juez, desde aquella primera llamada, Bárcenas recibió de Gürtel al menos 1,3 millones de euros en comisiones ilegales a cambio de su intermediación en la adjudicación de contratos del PP.
Correa ganaba mucho dinero con los viajes y actos de la dirección nacional popular. Pero quería más. Y buscó contactos en el PP para extender su red a los ayuntamientos y comunidades gobernadas por los populares. Y de ellas, las que más dinero movían: Madrid, Valencia, Galicia y Castilla y León.
El salto más fácil fue infiltrarse en la Comunidad de Madrid. Correa había dado pelotazos urbanísticos en ayuntamientos madrileños gobernados por el PP a cambio de fuertes comisiones. Pero el paso decisivo fue la llegada a la viceconsejería de Presidencia de la Comunidad de Alberto López Viejo, un joven cachorro de Aznar con ganas de medrar política y económicamente, con el que Correa sintonizó rápidamente gracias a que ambos se movían en los ambientes más pijos de Madrid.
Gusto común por el lujo
López Viejo llevaba la agenda de la presidenta de la Comunidad, Esperanza Aguirre, y organizaba los actos políticos. Mediante concursos amañados, adjudicaba contratos a la red Gürtel. Correa organizaba bien los actos y López Viejo pasó a organizar eventos para otras consejerías que siempre se adjudicaba Correa. Para pasar los filtros administrativos, el viceconsejero, que después siguió ejerciendo esas funciones a pesar de pasar a ser consejero de Deportes, troceaba las grandes adjudicaciones en pequeños contratos de menos de 12.000 euros, el tope para adjudicarlos a dedo. A cambio de todo esto, López Viejo recibió de Correa sobornos por más de 286.000 euros, según el sumario.
A través del viceconsejero, la red sobornó a otros dirigentes del PP de Madrid como Benjamín Martín Vasco, ex teniente de alcalde en Arganda del Rey, uno de los ayuntamientos en los que operaba la trama, y diputado de la Asamblea de Madrid. Recibió más de 314.000 euros y multitud de regalos de Correa a cambio de intermediar a su favor.
En el 2004 Rajoy llega a la presidencia del PP y corta el grifo de Génova a Correa. Pero permite que opere en otras comunidades. Valencia será a partir de entonces la plaza predilecta de la red corrupta. Y su hombre clave en esa comunidad es Álvaro Pérez, el Bigotes. Dotado para las relaciones públicas, Pérez había dejado impresionado al mismo Aznar en la organización de la boda de su hija con Alejandro Agag en El Escorial en el 2002. Además de organizarla, Pérez, al igual que Correa, asistió como invitado.
El Bigotes conoció a Francisco Camps en una campaña electoral en el 2002. Pérez detectó que tanto al presidente valenciano como al secretario general del PP en esa comunidad, Ricardo Costa, les gustaba la buena vida. Y se dedicó a agasajarlos con regalos. Orange Market, la firma con la que la red de Correa operaba en Valencia, obtuvo más de 40 contratos de distintas consejerías de la comunidad y organizó multitud de actos electorales para el PP valenciano. Muchos los cobró en dinero negro y por otros ni siquiera facturó nada.