La Voz de Galicia

Las explicaciones de un siniestro que repite otro de 1987

España

Tino Novoa

05 Sep 2008. Actualizado a las 02:00 h.

El avión MD-82 apuró la pista de despegue más allá de lo habitual. Se elevó y volvió a caer, impactó varias veces contra el suelo y finalmente se incendió. Murieron 154 personas. Es el breve relato del accidente de Barajas, pero también de otro ocurrido el 16 de agosto de 1987 en Detroit (EE.?UU.). La comisión que investigó el siniestro concluyó que no se habían desplegado los flaps de las alas y que un fallo en el sistema electrónico de control no alertó al piloto de la avería. Exactamente la misma explicación, según fuentes técnicas citadas por The Wall Street Journal, del accidente de Barajas.

Precisamente, a raíz de aquel accidente, se recomendó al fabricante que reforzara la alarma sonora con una luminosa que avisara de que los flaps no se han extendido, lo que, según Manuel Chamorro, vicedecano del Colegio Oficial de Pilotos, no se ha cumplido.

Los flaps son una especie de alerones que se extienden en la parte posterior de las alas del avión en las maniobras de despegue y aterrizaje. Su función es aumentar la fuerza de sustentación del avión, fuerza que junto con la de empuje (suministrada por los motores) permiten el vuelo de la aeronave. Incrementan la superficie del ala y varían su grado de inclinación, lo que hace que el avión alcance la sustentación máxima posible a velocidades bajas, como en el momento del despegue.

Un avión puede llegar a despegar sin que se accionen los flaps . Pero, en ese caso, el avión necesita alcanzar una mayor velocidad para sustituir con mayor fuerza de arrastre la menor de sustentación. Y para conseguir esa mayor velocidad se necesita más pista. Esto explicaría por qué el avión de Spanair se elevó 500 metros más allá de lo habitual. Además, confluyeron otras condiciones adversas, como el elevado peso que transportaba el avión (con los depósitos y la cabina casi llenos) y la fuerza del viento reinante en el momento del despegue (9 nudos, cuando la máxima reglamentaria para el MD-82 es de 10 nudos).

En todo caso, si un fallo en el sistema electrónico de control y alarma no alertó a la cabina de que los flaps no habían sido activados, las condiciones del despegue habrían sido incorrectas, ya que los cálculos realizados por el piloto antes de iniciar la maniobra no coincidirían con las condiciones reales en las que se realizó. En conclusión, la velocidad habría sido insuficiente para tomar altura con la fuerza necesaria. Lo que explicaría la caída del avión nada más echar a volar y que impactara con la cola del aparato contra el suelo.

El que no se desplegaran los flaps no es una explicación suficiente de por qué ocurrió el siniestro. Antes de arrancar los motores, los pilotos efectúan una serie de comprobaciones rutinarias de todos los sistemas del avión. El chequeo de los flaps es el punto 49 de esa lista.

La siguiente cuestión es si el fallo en el sensor de la temperatura exterior que llevó al piloto a abortar el primer despegue escondía una avería mayor en el sistema de sensores o de alarmas de la aeronave. Según la información publicada ayer por el citado periódico neoyorquino, habría sido necesario reiniciar el sistema después del examen técnico para comprobar que no había otros problemas. Para ello, habría sido necesario apagar y volver a arrancar el avión, lo que no se hizo, nuevamente según la versión del diario.

Los pilotos españoles desconfían de las filtraciones de los datos de la investigación y sospechan que detrás de las mismas hay un interés en atribuir a causas humanas la responsabilidad del accidente.


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