La Voz de Galicia

La quiniela sucesoria hierve

España

Manuel Campo Vidal

Crónica política

02 Aug 2003. Actualizado a las 07:00 h.

A nueve semanas y media de que José María Aznar evacue la gran decisión, la lista de nombres para la sucesión cada vez está más concurrida y más confusa. Cualquier especulación es gratuita, desde luego, porque menudo es Aznar para hacer caso a las recomendaciones de la opinión pública, o incluso a la opinión de su propio partido, en el supuesto de que alguien exprese la propia. Pero aún así, la alta tensión es inevitable, como consecuencia de que hay mucha gente que se juega su futuro inmediato en esa decisión, agravado todo por la sensación de que cada vez hay más candidatos sonando. Es probable que la especial rumorología que se vive en estos días en Madrid sea un ejercicio de distracción de los colocados, como opinan algunos dirigentes medios del PP, o un intento de «sonar» por parte de los descolgados para que, después, el elegido los tenga en cuenta. Puede ser. Ha habido casos memorables como el de Eduardo Zaplana que ha advertido: «Yo no compito para sucesor y me limitaré a apoyar al elegido». En unas circunstancias normales a Zaplana se le hubiera elogiado por la supuesta humildad que destilan sus palabras. Pues no: cómo será el nivel de nerviosismo en las filas del Partido Popular a la espera del santo advenimiento que se le ha criticado por oportunista. Escuchen a un dirigente que pide a La Voz no ser identificado: «Eduardo es muy listo porque, al decir eso, se protege de los navajazos, se ofrece al que gane para seguir y refuerza su imagen de hombre de paz con lo que, en realidad, está presentando de otro modo su candidatura a sucesor». Por menos que ese retorcido argumento, Alfonso Guerra le dijo una vez en las Cortes a Rafael Arias Salgado: «Para decir eso hay que sufrir mucho internamente». Y es cierto que sufren con toda esta incertidumbre de forma especial los que no saben si acercarse más a un posible sucesor o a otro. Si hay que hacer caso a las quinielas, Mariano Rajoy recupera terreno sobre Rodrigo Rato, se descuelga Alberto Ruiz Gallardón -el tipo más listo que peor mide los tiempos- y reaparecen Zaplana, Acebes -cada día en la televisión por culpa de la ofensiva de ETA- y Loyola de Palacio, probablemente para que no falte una mujer en la terna. Caso aparte es Mayor Oreja, integrante del trío inicial que desfiló por la pasarela presidencial del último congreso popular. Mayor Oreja se hace notar cada vez más por sus declaraciones radicales sobre el País Vasco y eso da votos en media España pero los pone en duda en la otra media, porque las elecciones se suelen ganar desde el centro. La tensión crece pero Aznar no da pistas, salvo el frío saludo el otro día a Gallardón, que fue interpretado como un varapalo por su comprensión hacia los socialistas hostigados por el comando político-inmobiliario madrileño. Es más, Aznar, si puede, sorprenderá a todos con la persona más leal que encuentre, siempre que pueda cumplir la única condición que se le exige: un candidato para ganar. Por eso, hasta los que objetivamente tienen más probabilidades, Rato y Rajoy sin duda, no descartan la sorpresa. Y es que sobre todos ellos planea el «síndrome Pisonero». ¿Recuerdan el nombramiento virtual de Elena Pisonero, secretaria de estado de Comercio, como ministra de Agricultura? Surgió el rumor, se atribuyó a Moncloa, se dio por hecho, la agencia oficial de noticias EFE -que no da un despacho de esta naturaleza sin consultar- adelantó el nombramiento y las floristerías de Madrid empezaron a echar humo hasta llenar el despacho de la presunta ministra. Era una tarde de sesión parlamentaria y ella se encontraba en el Palacio de las Cortes donde los diputados populares se escapaban un momento del hemiciclo para felicitarla, mientras Aznar observaba con curiosidad el espectáculo de micrófonos y cámaras sobre aquella mujer que en ningún momento, y eso le honra, se dio por nombrada. Acabada la sesión, Aznar se fue a Moncloa y tal como entraba por la puerta nombró ministro de Agricultura a Jesús Posada para sorpresa de todos, incluido el agraciado. Aznar puede recurrir al «pisonerazo» de nuevo porque cada vez está más cómodo gracias a la confusión interna socialista que, después del fiasco de Madrid, no ofrece síntomas de recuperación. Y aún les queda en octubre el trago de las elecciones repetidas que se les presentan dificilísimas. Pero tener a los socialistas contra las cuerdas no hace que Aznar baje la presión, porque cuanto peor estén más margen de maniobra tiene él para nombrar sucesor. Se asegura que Zapatero resistirá porque es muy duro, pero por si le faltaban metepatas ahora aparece la ex ministra Cristina Alberdi criticando a Pasqual Maragall por unas supuestas declaraciones sobre el futuro de Cataluña en el antiguo Reino de Aragón. «Maragall no dijo eso nunca», señala a La Voz José Montilla, primer secretario del PSC, sino que habló a unos empresarios de los quince millones de consumidores concentrados en el arco que coincide con los territorios del antiguo Reino de Aragón. Quizás a Alberdi, que ha reaparecido de forma muy desafortunada, le ha pasado algo muy común a los dirigentes socialistas, según denuncia a La Voz Paco Vallejo, el hombre con más posibilidades de sustituir a Manuel Chaves en Andalucía: «Es tal la presión mediática programada por el PP, que hasta nuestra gente se cree las cosas que publican para desacreditarnos». de Aragón". sucesor. agraciado. Pisonero". centro. otro. propia.


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