La Voz de Galicia

Una decena de internos de Monterroso enseña a decir no a las drogas

Lalín

La iniciativa, pionera en Galicia, está dirigida a los institutos que la soliciten Los estudiantes monterrosinos plantearon numerosas dudas a los ex toxicómanos

31 Mar 2007. Actualizado a las 07:00 h.

?sta misma semana realizaron la tercera experiencia. Fue un éxito igual que las anteriores. Los estudiantes participaron de forma activa y efectuaron múltiples preguntas. Internos de la prisión de Monterroso enseñan a decir no a las drogas a los alumnos de instituto. Es otra forma de educar, en este caso desde la cárcel y además con protagonistas especiales a los que su adición a los estupefacientes les arruinó la vida. La iniciativa de que los internos abandonen sus celdas para hacer de profesores es pionera en Galicia y, según fuentes de la penitenciaría, está resultando un éxito. Por ahora se desarrolló en centros de Lalín, Melide y Monterroso esta misma semana. La nómina de enseñantes es de una decena. Es requisito indispensable que éstos estén en tercer grado y hubieran salido ya de permiso. Los centros educativos que quieran participar en la iniciativa sólo tienen que solicitarlo a la prisión. En la experiencia tienen mucho que ver la pedagoga de la prisión, el subdirector de tratamiento, el director del penal y los educadores. Generalmente son tres los internos que se desplazan a los institutos, acompañados de personal del centro. El lunes, en Monterroso, participaron una treintena de alumnos. El sistema establecido consiste en formar tres grupos a modo de equipos de trabajo. Cada uno de ellos tiene asignado un interno y, a su vez, tiene un portavoz de los alumnos. Después de la exposición por parte de los residentes en el penal tiene lugar una puesta en común en la que cada portavoz de los estudiantes explica lo tratado en los distintos grupos. El lunes en Monterroso, Ramón contó que empezó a coquetear con la droga a los 13 años. Pronto comenzó a robar para financiar la adicción. Lo primero que sustrajo fue una moto, luego un coche. No tardaron en pillarlo. La justicia le impuso 13 años por varios robos. Le queda muy poco para salir. Contó a los estudiantes que sus padres, aterrorizados por el problema que tenía, lo llegaron a encerrar en una habitación de la que no tardó en escapar. «Gracias a la cárcel salí de ese mundo terrible», contó. Lleva ya bastante tiempo sin probar y tiene planes de futuro para cuando salga de la prisión. «Jugar con el porrillo» Paco, fue otro de los «profesores» que intervino en Monterroso. «Siempre se empieza jugando con el porrillo y finalmente se acaba en el fango», les dijo a los de su grupo. Lleva veinte años en la cárcel y está superando, con mucho esfuerzo, el mal que le afecta desde muy joven. Ahora está muy ilusionado porque tiene una hija que está tanto o más emocionada que él al saber que está en fase de dejar definitivamente el consumo. Los educadores hicieron llegar a los estudiantes el testimonio de Andrés, otro interno que, en un escrito titulado carta desde mi celda relata la experiencia de un amigo, (Javier, nombre supuesto) que, en su día, dejó al grupo que tenían en común «a causa de su coqueteo con la cocaína». «Un día alguien me dijo que Javier estaba en la cárcel, sólo y enfermo. Mi corazón me pedía que lo visitase y así fue. Me lo encontré asustado, perdido, triste y muy delgado. Quedé impresionado, más quizás por sus palabras que por su aspecto. Él, con su sufrimiento y solo en la vida, aún tuvo el suficiente valor para decirme: fíjate en mí, a causa de la cocaína lo he perdido absolutamente todo. A mis padres, a mis hermanos, a vosotros mis amigos, mi salud, mi libertad, mi dignidad...Ya no soy un ser humano», refleja el relato de Andrés. «Ya nunca más podré sonreír; ya nadie se podrá enamorar de mi (...) Dale un beso a mi madre. Dile que la quiero y, si puede, que me perdone, pero no le digas donde estoy ni como me encuentro. Dos meses después, ya en libertad, Javier murió en un hospital con la sola compañía de quien esto os cuenta», escribió Andrés.


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