La Voz de Galicia

Reflejarnos en lo que hacemos

Deza

PABLO VIZ

RASTRO DE AIRE | O |

15 Mar 2007. Actualizado a las 06:00 h.

CONVIRTIERON UN rótulo indicativo rústico en un cartelón que desprecia el inmueble que lo sustenta por desmesura de tamaño y afán de no pasar inadvertido. Coloca como un farol en un cuadro su firma algún autor que resalta más que la propia obra. De estas cosas vemos por doquier y me interesan por lo que en si mismo conllevan de mensaje paralelo, por cuanto indican de quien los protagoniza mucho más que el propio mensaje comercial o artístico que persiguen. A medida que crece el cartel, disminuye el grado selectivo de la audiencia, seguramente también el precio del menu o del producto ofertado. Habla de cantidad e ignora la calidad y la selección, apunta a alguien que quiere llegar a muchos y se hace vulgar al no reparar más que en ese propio objetivo y se hace insolidario al pasar por encima del propio impacto negativo del rótulo al situarse en el feísmo. Al final con más o menos éxito en su negocio consigue cambiar las tornas, antes podía tener la plusvalía de quien selecciona y ahora recoge la de quien prefiere mogollón. Las dos caras de la actitud ante la vida, la oferta y la demanda, prejuicios y pasotismo, dinero sumado en euros o en decenas de euros. El que compra o coloca un cuadro donde brilla más la firma que el propio cuadro le importa un bledo el arte, es insensible a la pieza artística y se sitúa en el mismo punto egocéntrico que el autor que pinta su nombre en tales parámetros. Trabaja el ego asombrosamente y más cuanto más estima que a mayor tamaño de la firma más calidad de la obra. Cada cosa que hacemos nos refleja. Tanto como vendedores como compradores. Y es el caso que hay de todo, en ambos lados. Y salvo por la ruptura de los valores estéticos, me daría igual. Es más, disfruto analizando cómo me venden más que lo qué me venden, porque sabiendo lo primero ya deduzco segundo.


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