La Voz de Galicia

La dura vida del salmón

Deza

PEDRO BERMÚDEZ

EL CRISOL | O |

12 May 2005. Actualizado a las 07:00 h.

SER SALMÓN en el Ulla es peor que ser predicador en el desierto. Peor que ser mosquito en invierno, que ser león en el zoo o que ser el mono que va de feria en feria. Y más en temporada de pesca. Hay peces que viven con el estrés de esquivar gaviotas o tiburones. El salmón también tiene problemas con sus congéneres del reino animal, pero además los tiene con el género humano: con el que pesca y con el que no pesca. El salmón nace predestinado al calvario. Su ciclo vital le obliga a abandonar el río natal y a nadar millas y millas hasta alcanzar las gélidas aguas del sur de Groenlandia. En su caso, nacer cansado es como nacer muerto. La travesía no es fácil. Tiene que adaptarse a la salinidad del agua y variar su dieta. Y pasar un período de adaptación en la desembocadura del río exponiéndose a todo tipo de depredadores. Después se busca la vida en el mar, pero cuando empieza a encontrarse como pez en el agua, le llega el instinto de procrear y tiene que regresar al río. Sin comer, porque su metabolismo ya está acostumbrado a otro menú. Y esquivando presas inútiles y minicentrales absurdas. Cuando más débil está empiezan a llover cañas del cielo. Picaría cualquiera.


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