Los secretos de la vincha
Deza
Reportaje | Fiesta gastronómica en Cerdedo La preparación del postre requiere algo más que una simple receta. El proceso es todo un arte preservado durante décadas. Cerdedo se convertirá hoy en su museo
20 Feb 2004. Actualizado a las 06:00 h.
Cerdedo celebra hoy la cuarta edición de una fiesta gastronómica con especial interés etnográfico. La protagonista es la vincha, un postre típico del carnaval que en Cerdedo está tan arraigado como las mismísimas filloas. Crêpes, orejas y flores se preparan en toda Galicia en cuanto Don Carnal asoma la cabeza. Pero la vincha no. La vincha es un dulce genuino que la tradición ha preservado durante décadas en Cerdedo. La receta se ha transmitido de generación en generación y los cerdedenses la guardan celosamente. Cocinar una vincha puede parecer sencillo, pero en realidad requiere mucha maña. Y bastante paciencia. Flora Valiñas sabe mucho de eso. En su casa se prepararon toda la vida y ella tiene, además de la receta, el secreto para conseguir el dulce más sabroso y la mejor presentación. El año pasado fue la ganadora del concurso de vinchas. Y hace dos quedó de segunda. Para hacer una vincha hay que decidirlo con tiempo. En realidad, el proceso empieza con la matanza del cerdo. Es entonces cuando la vincha (la vejiga del cerdo) se extrae, se limpia y se infla -algunos lo hace con un bolígrafo y otros con una paja-. Después se ata, se ahuma y se deja caer en el olvido hasta el carnaval. Con la llegada del entroido se lava, se le da la vuelta y se deja lista para rellenar. El relleno es consistente. La receta de Flora lleva una docena de huevos, medio kilo de azúcar, manteca de vaca, mantequilla, pan, anís, zumo y ralladuras de limón, harina de trigo, cuarto vaso de leche y uvas pasas. «A manteca é o principal, dálle outro sabor», advierte. Los ingredientes se mezclan bien y la mezcla se deja reposar una noche para que el dulce quede jugoso. Con ella se rellena luego la vincha. Pero sólo hasta la mitad. «Ou algo menos aínda, porque senón estoupa ó cocer», explica Flora. La cocción es todo un ritual. Se hace a fuego lento, pinchando el postre con una aguja y evitando que se pegue a la cacerola para que no explote. Los que no dispongan de vinchas pueden cocer también el dulce dentro de una bolsa plástica o incluso en el horno sin más. Desde luego, el sabor no es el mismo, pero algunos incluso lo prefieren.