La Voz de Galicia

Campamentos, Belmez y chicas

Deza

P. BERMÚDEZ

EL CRISOL | O |

01 Jul 2003. Actualizado a las 07:00 h.

ESO DE los campamentos de verano, tanto los que llevan a los más pequeños a unas modernas instalaciones junto a la playa o en un paraje idílico de las montañas, es un buen invento que, a los mayores, nos produce una cierta desazón, sobre todo porque a nosotros no nos daban esa oportunidad de librarnos durante siete o quince días, y nada más comenzar el verano, de nuestros padres, de los primos más pesados y de las peores costumbres del resto del año. A finales de los sesenta, por ejemplo, los jóvenes más atrevidos tenían que improvisarse sus propios campamentos y aventuras. En mi pueblo, por ejemplo, la banda de quinceañeros que me había admitido a regañadientes decidió, tras larga deliberación, que nos escapásemos todos de casa -sólo los varones- un martes por la mañana para volver el miércoles siguiente por la noche. El alcalde de Belmez se había hecho popular en aquellos días por su participación en el programa televisivo Un millón para el mejor , y como ese pueblo cordobés no estaba muy lejos del nuestro -unos 60 kilómetros-decidimos buscar allí la aventura. De madrugada ya estábamos de camino, andando claro, y por sendas paralelas a la carretera por si venían a buscarnos. El miércoles, a media tarde, estábamos haciendo autostop en Peñarroya, a mitad de camino, y con el pulgar señalando hacia Belmez. Apenas dos horas después llegábamos humillados, a nuestro pueblo. Las chicas se borraron de la banda, pero volvieron a ella al siguiente año, cuando optamos por dirigirnos a Isla Cristina, y logramos llegar, aunque sólo para dormir en una cárcel abierta de la Guardia Civil.


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