La Voz de Galicia

Trata de olvidarlo, Luis

Deportes

Toni Silva a Coruña / LA Voz

En 1998 el Toyota de Sainz y Moya se detiene a 500 metros de la meta y pierden el Mundial de ralis

01 Feb 2016. Actualizado a las 08:19 h.

En noviembre de 1998, cuando el motor era uno de los escasos asideros de alegrías deportivas para los aficionados españoles, el país recibió un duro revés desde Inglaterra. Carlos Sainz y Luis Moya, virtuales campeones desde la primera jornada del RAC por el abandono de Tommi Makinen, acabaron perdiendo contra los elementos. Su Toyota Corolla se paró a medio kilómetro de la meta, donde ya esperaban para celebrar el tercer título los familiares de Carlos Sainz y representantes del gobierno español.

El paso del tiempo ha convertido aquel cruel episodio en una de las anécdotas más recurrentes en el ideario nacional gracias a la visceral reacción del copiloto coruñés Luis Moya. Aquella no es la avería fatal. Tampoco el fiasco de Inglaterra. Ni el rali de la mala suerte de Carlos Sainz. La Historia lo ha recogido como el rali del «Trata de arrancarlo».

Un par de segundos antes de que el vehículo se detuviese por completo, Carlos abría su puerta, hacía un primer aspaviento de fastidio, y luego buscaba esperanzas bajo el capó. Con sendos extintores, él y su copiloto comenzaban a extinguir un pequeño incendio en el motor que ponía fin a sus sueños de convertirse en tricampeones del Mundial de Ralis. «Trata de arrancarlo, Carlos, trata de arrancarlo», esgrimió Luis antes de convertir la petición en un grito desesperado: «¡Trata de arrancarlo, por Dios!». Carlos regresó al contacto pero el Toyota ni se inmutaba. Moya lanzó entonces al cielo un exabrupto irreproducible con el que se ponía punto y final a toda esperanza.

En las propias páginas de La Voz de Galicia, el copiloto desvelaba que en el coche ya se intuía la tragedia un kilómetro antes. Carlos sintió un latigazo en el motor y continuó adelante confiando en alcanzar la meta. Pero a 500 metros desfalleció. «No hay manera más cruel de perder un título», señaló después Sainz a los periodistas, testigos también de sus lágrimas. Este año, la dolorosa efeméride cumplirá la mayoría de edad. ¿Cómo lo recuerda Luis Moya casi 18 años después?

En cuanto descuelga el teléfono, antes incluso de explicarle el motivo de la llamada, el periodista se disculpa con el copiloto.

-Perdona Luis, creo que no te va a gustar el motivo de la llamada. Es para un reportaje sobre el fiasco del RAC del 98.

-Ah, no te preocupes. Te juro que no pasa una semana sin que nadie me recuerde la frase.

Y entonces Luis explica que ha conseguido, con el tiempo, convertir aquello en algo positivo. «Yo me quedo con la reacción que tuvimos -relata-, al levantar el capó vimos un agujero grandísimo en el motor, era imposible que ese coche se moviera pero, aún así, lo seguimos intentando, en ese momento tan cruel sacamos nuestra parte más positiva». Y Luis Moya comparte esta reflexión en muchas de las conferencias en las que le reclaman.

18 años después

¿Y cómo se lleva ese recuerdo casi a diario con el Trata de arrancarlo? «Si no lo llevara bien, mi vida sería un infierno», responde Luis Moya, que lo ilustra con una anécdota: «Hace diez años más o menos pinché una rueda en el centro de A Coruña, y me dije ??Luisito, apura que esto va a ser un choteo??. Y así fue, cada pocos coches que pasaban uno bajaba la ventanilla y tenía que oír: ??Luis, trata de arrancarlo??».

Desde entonces, este deportista reivindica la dignidad del segundo clasificado. «Eso de que el segundo es el primero de los perdedores, pues no... cuando lo das todo y te ganan significa que el otro ha sido mejor, pero tú no has sido peor que él».

Antes de sentarse a llorar en el asiento de aquel Toyota tapándose la cara con los brazos, Luis fracturó el cristal trasero lanzando su propio casco. «Nunca nadie me recriminó aquello, no iba contra la marca, era un gesto visceral y en el equipo no me criticaron por ello, al contrario, el propio director se lio a patadas con una furgoneta del equipo cuando ocurrió la avería», recuerda Luis, quien tiempo después coincidiría con Tommi Makinen en Subaru. Aquel día fatídico, el nórdico salía del hotel para irse al aeropuerto cuando recibió la llamada que le avisaba del incidente de Sainz que le proclamaba campeón. Luis Moya lo borda con las metáforas para explicar la frustración de aquel día de 1998. Esta es de una conversación con su amigo culé Sergi Barjuán.

-Cuando lo vi me imaginé a mí fallando el penalti que decidía un Mundial.

-No Sergi, no imagines que lo fallas. Imagina que cuando tiras el penalti te explota el balón.

«Trata de arrancarlo»

Cuando apenas quedaba medio kilómetro para cruzar la meta que los coronaría tricampeones, el coche de Carlos Sainz sufrió una grave avería de motor. Desesperado, el piloto intentó reanimar el Toyota Corolla mientras su compañero le gritaba «¡Trata de arrancarlo!»


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