Nadal arrolla a Mathieu y jugará en cuartos contra el sueco, su víctima en la última final de Roland Garros
29 Jun 2010. Actualizado a las 03:29 h.
El calendario del tenis viaja sin solución de continuidad de la tierra a la hierba y en poco más de tres semanas ofrece la revancha de la final de Roland Garros, donde se premia un juego cocinado a fuego lento, en la antepenúltima ronda de Wimbledon, la catedral de la pista rápida. Aplastado Robin Soderling en París por el repertorio casi incontestable de Rafa Nadal sobre polvo de ladrillo, mañana tendrá su oportunidad de tomarse la revancha en Londres.
Nadal ganó ayer, dio prácticamente su imagen más fiable en lo que va de Wimbledon y, lo que es casi más importante, no ofreció síntomas de debilidad en su físico. Ni el codo derecho ni la rodilla izquierda, motivos que adujo para pedir la asistencia del fisioterapeuta el sábado contra Philip Petzschner, volvieron a molestarle. Así que arrolló al francés Paul-Henri Mathieu, que después de dos horas ya estaba en la ducha tras perder por 6-4, 6-2 y 6-2.
«Fue el partido menos complicado hasta el momento. Lo importante era ganar y aproveché bien las bolas de