«Tu mala gestión ha llevado al club a la bancarrota. Lo sentimos, has sido despedido». Los primeros simuladores de gestión de clubes de fútbol que llegaron a España usaban esa frase para anunciar que el juego había terminado. Cuando los números rojos superaban cierta cifra, el equipo prescindía de su propietario y el ordenador asumía su función, sin importar si el jugador había conseguido meter en Champions al Albacete.
El asunto no era grave, porque la bancarrota no condenaba a pasar hambre a la familia de un Messi virtual, y el Tesoro Público no dejaba de ingresar miles de millones hasta que el usuario encontraba la fórmula para salvar la temporada al quinto intento. Aquellos simuladores ya incluían los sueldos de jugadores y empleados, el dinero de traspasos, los ingresos por taquilla y las ofertas de la tele. Variables a las que las nuevas versiones podrían añadir las recalificaciones de terrenos. El sistema imponía la lógica: sin dinero, el club no podía seguir funcionando.
Al menos, no entre las paredes de una pantalla de ordenador. En el terreno real, el fútbol español le debe al mundo más de tres mil millones de euros (medio billón de pesetas) y la Liga no ha echado el cierre. Hasta ahora. La temporada recién concluida ha estado plagada de incidentes financieros que alertan de que el modelo de gestión es insostenible y anuncian un colapso.
La diferencia entre los dos únicos clubes que generan ingresos (Barça y Real Madrid) y los que solo suman pérdidas (el resto) ha sido brutal en lo deportivo. Los gigantes del audiovisual han aireado sus pleitos por las retransmisiones y la hasta ahora única fuente de ingresos segura ha dejado de serlo: únicamente en el Bernabéu y en el Camp Nou tienen avalados sus contratos televisivos. La asistencia a los estadios en la primera vuelta volvió a registrar un descenso respecto a anteriores campañas. Ni siquiera un trozo de césped en terreno urbanizable garantiza solvencia. El Valencia ha demostrado el fracaso de la tercera vía: después de tener que comerse la posible venta de las parcelas de Mestalla, solo un préstamo de urgencia permitió pagar los sueldos a la plantilla, que no ganó un partido mientras estuvo sin cobrar. El equipo al completo está en venta ante la falta de fondos.
Las sociedades anónimas deportivas han fracasado y en breve no quedará siquiera el recurso de la ley concursal, tabla de salvación hasta la fecha de Celta, Málaga, Sporting, Las Palmas, Levante, Real Sociedad y Alavés. Desde el Consejo Superior de Deportes ultiman una reforma en la normativa que obligará a estar al corriente en el pago con los jugadores (los sueldos en Primera subieron más de un 10% este año) para poder entrar en la concursal. Medida a incluir en el libro blanco que prepara el ente supervisor para ofrecer un nuevo modelo que evite la extinción del fútbol de élite.
De paso, el CSD evitará que otros sigan el ejemplo del administrador concursal del Levante, que citó al Consejo entre los responsables de la quiebra del club por no analizar la información financiera recibida y detectar los riesgos de bancarrota. Al contrario que el simulador, el organismo estatal permitió a los rectores del club seguir jugando. Esta vez si hubo familias que dejaron de comer.