La Voz de Galicia

Gasol, un talento muy trabajado

Deportes

El gallego Pepe Casal cuenta cómo en 87 sesiones de entrenamiento con el jugador español consiguieron que el líder de Memphis aumentara ocho kilos de masa muscular sin perder su velocidad, algo clave en el éxito de su temporada

16 Apr 2006. Actualizado a las 07:00 h.

A veces, la vida te depara golpes de suerte. Esto es lo que me ocurrió en abril del 99 cuando recibí la llamada de Aíto García Reneses para proponerme la preparación física del Barcelona. Me marcó como objetivo el trabajo físico con dos jugadores muy jóvenes, dotados de unas cualidades técnicas excepcionales y de gran talento, con el hándicap de su condición física: Pau Gasol y Juan Carlos Navarro. Aíto no se equivocó. Navarro y Pau salieron adelante, Juanca sigue siendo el jugador franquicia de los blaugrana al igual que Pau lo es en Memphis. También Aíto acertó en que eran dos jugadores muy blandos y físicamente con un gran margen de mejora. El bueno, el mediático, el titular con los júniors de oro era Juan Carlos y a Pau le correspondía un papel más secundario. Tras cuatro entrenamientos con Pau me di cuenta de que nunca en mi vida deportiva había tenido en mis manos un talento semejante, a pesar de los múltiples problemas que suponían sus 89 kilos de peso para 212 centímetros de altura. Ello unido a sus pocos hábitos de trabajo y regular actitud. Vamos, ni era un Rambo del baloncesto ni un esforzado de la ruta. Poco a poco comenzamos a trabajar, al principio por decreto ley, después con el taladro presente en cada momento, hasta que la cualidad más importante que tiene Pau, su inteligencia, le permitió entender que lo que estaba haciendo al no dejarle apenas descanso, apretándole y exigiéndole, sólo tenía un fin: hacerle apto físicamente para ser jugador de baloncesto. Cada ejercicio nuevo o cada aumento de carga era un pequeño trauma porque al principio tenía muchas dificultades en el trabajo de fuerza; muchos ejercicios no podía ni intentarlos y su tremendo orgullo deportivo le impedía admitirlo, sobre todo si delante había algún compañero. Por ejemplo, la primera vez que intentó una dominada (colgarse de una barra y levantarse a pulso hasta la altura de la barbilla), me dijo: «Un tipo de mi altura con una envergadura de 2,32 no puede hacer eso». Yo le contesté: «Puede ser, pero un tipo que por edad sería tu padre es capaz de hacer unas cuantas». Hice cinco o seis y eso le picó. Le costó, pero un año después hacía diez. Día a día su progresión era increíble porque a pesar de sus limitaciones físicas en cuanto a fuerza y potencia. Todas esas deficiencias que en otro tipo de jugador serían insuperables, en el momento de saltar a la pista, las suplía con muchísimo talento, una gran velocidad, una excepcional coordinación y, por supuesto, aunque sea reiterativo, una inteligencia que le permitía disimular sus defectos y acrecentar sus virtudes, con una autoconfianza, visión y lectura del juego inusuales para su edad. Nunca en 30 años de vida deportiva dedicada al baloncesto me encontré con un jugador que, cual esponja, fuese capaz de absorber el entrenamiento como Pau. Me decía recientemente que ahora mismo está cansado: -Pau, déjate de chorradas que el cansancio es una mera cuestión mental, que siempre se debe superar, y ahora es el momento. -Bien, Pepi, bien, veo que estás en forma, que no cambias. A Pau le gusta este juego, esa mutua autoafirmación que a veces necesita para mentalizarse todavía más. Con la temporada que lleva (casi 40 minutos, 20,5 puntos y 9 rebotes por partido), tendría que llegar al play off reventado y mentalmente al límite de su capacidad, ya que desde el principio está asumiendo, sin apenas ayuda, su rol de jugador franquicia. El tremendo trabajo que hicimos desde el 17 de mayo al 27 de septiembre, me hace estar seguro de que todavía tiene pilas: 87 sesiones de entrenamiento son muchas para un jugador en sus teóricas vacaciones. Creo que está preparado. En mayo, cuando iniciamos el trabajo, pesaba 112 kilos. Al final, se fue a Memphis con casi 120. Nada de engordar con dietas ni ayudas ergogénicas, algo que Pau repudia y que se estila mucho en la NBA. Todo lo ha conseguido a base de dos horas diarias de gimnasio con el objetivo de aumentar su fuerza explosiva, incrementar su masa muscular, sin perder velocidad, una de sus grandes virtudes. Para ello hicimos un trabajo específico con el musclelab , una tecnología que nos permite calcular para cada ejercicio los kilos adecuados que debe mover a la máxima velocidad para desarrollar en cada repetición los máximos vatios de potencia. Cuando la velocidad de ejecución del ejercicio baja, se finaliza la serie. Tras su primer enfrentamiento a principios de temporada, Kirilenko (estrella de los Utah Jazz) comentó que lo que más le sorprendió de Pau es que no perdió su rapidez a pesar de haber aumentado su masa muscular. Ahora, cuando la temporada está a un paso de su conclusión, anda por los 114 kilos. Es lógico, el desgaste ha sido grande, es el precio que ha tenido que pagar en su mejor temporada en la NBA, la campaña en la que se ha convertido en una estrella de la mejor Liga de baloncesto del mundo.


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