En la trinchera del Velodrome tuvo que combatir el Dépor cuerpo a cuerpo por un trofeo de los de guardar en el armario, pero con un premio suculento, la Copa de la UEFA. Pero en la lucha entre los dos rivales, un agente externo desequilibró la balanza. El ruso Ivanov machacó al Deportivo, lo sacó del partido, lo dejó sin Intertoto y lo privó de la UEFA.
Sin fútbol ni reglas, porque el árbitro y el Olympique así lo quisieron, el Deportivo tuvo el mérito y el acierto de defender con uñas y dientes un título que Riazor le había metido en el bolsillo.
En la sanguinaria batalla de Marsella, un hombre de piedra, Pedro Munitis, señaló el camino del heroísmo a sus compañeros. El cántabro, en un momento de forma extraordinario, asumió la responsabilidad en el cuerpo a cuerpo frente a una pandilla de caníbales que se lo comieron a patadsas cada vez que intentó hacer una jugada. La inhibición del ruso Ivanov, demoledor, favoreció el linchamiento.
Pedro se hartó de reclamar tarjetas que no llegaron mientras sus piernas se iban debilitando con el paso de los minutos.
De la falta 2.500 sobre el cántabro nació la jugada del partido, en la que terminó de forjarse el otro héroe de este Dépor en la inefable Intertoto: Jorge Andrade. El central marcó en los dos partidos contra el Newcastle, y ayer resolvió en el área para marcar un 1-1 esperanzador.
El tanto del portugués neutralizó el conseguido por el Olympique en el minuto 3, después de un fallo de Molina, que no blocó un durísimo disparo lejano
A pesar del colchón de goles, el segundo tiempo fue un agobio constante para el Deportivo. Es cierto que el 1-1 invitaba a aguantar, pero ahí es donde se le vieron carencias al Dépor para conservar el balón. Lo perdió con facilidad cada vez que salió con él, de manera que el partido sólo tuvo una dirección desde el descanso. Tal vez el Dépor notó en ese sentido la ausencia de jugadores más experimentados.
El Deportivo reclamaba medidas desde el banquillo, pero llegaron tarde. La expulsión de Capdevila rompió la resistencia del Dépor, y la lesión de Munitis, alevosa y con los tres cambios realizados, confirmó el derrumbe moral y anímico de los coruñeses, a los que se le vieron carencias ya irreparables. Albert Luque, en A Coruña.