Una despedida cruel
Deportes
El baloncesto español queda fuera de la lucha por las medallas tras perder su primer partido ante la mejor versión de Estados Unidos
26 Aug 2004. Actualizado a las 07:00 h.
Atenas fue cruel con el baloncesto español. El combinado de jugadores de la NBA rompió la inmaculada trayectoria de una España que ahora sólo podrá luchar por la séptima plaza. ¿Injusto? Existía esa posibilidad; al fin y al cabo, caer ante Estados Unidos nunca es una sorpresa. Otros asunto son las formas. El remedo de dream team que Larry Brown presentó en la capital griega había tenido un comportamiento indigno del mejor baloncesto del planeta: mucho físico y poco juego, demasiado individualismo y ausencia de espíritu colectivo. Los norteamericanos habían tropezado en un par de emboscadas defensivas ante Puerto Rico y Lituania, así que lo normal -por otra parte, algo también habitual en el historial de Marío Pesquera- era que España se atrincherara en su propia zona a la espera de que Allen Iverson, Stephon Marbury y compañía emularan a las escopetas de feria. Y confiar en que Pau Gasol y Navarro ejercieran el liderato espiritual ofensivo de un auténtico equipo. Nada salió como en la pizarra. Estados Unidos martilleó a España desde la línea de 6.25 como no lo había hecho en sus cinco primeros partidos, hasta el punto de que anotó 12 de los 22 triples que lanzó (6 de 9 para Marbury), en el único apartado estadístico en que realmente superó al equipo de Pesquera. Pese a mejorar su imagen, a pasar el límite el límite de lo permitido en su defensa y contar la complicidad arbitral para perdonarles sus innumerables pasos en la arrancada -algo que la FIBA no contempla y que la NBA permite-, España resistió en el partido hasta el minuto 36. Ahí, con sólo cuatro puntos por debajo (78-82), aparecieron las prisas y los temores. A Gasol -portentoso partido el suyo- se le había encendido la reserva, Navarro había entrado en barrena y Rudy Fernández había convertido cada espectacular acción suya en una lotería. Salió cruz, porque volvió a aparecer la mano salvadora de Marbury y la permisividad arbitral. El equipo español no rehuyó nunca la pelea, aceptó generoso el cuerpo a cuerpo y resistió con talento mientras aguantó el cuerpo. Poco o nada que reprocharle a un equipo que rebosa talento. ¿Y la dirección desde el banquillo? Dejó unas cuantas dudas para el debate: transmitió la impresión de querer llegar vivo al último cuarto para, ahí, vencer la resistencia rival con el gigante Dueñas y una zona; quizá se olvidó de Reyes y De la Fuente -vitales en los choques anteriores- durante demasiado tiempo y no concedió ni un respiro a Pau Gasol. Demasiada rigidez para un grupo acostumbrado a volar sin corsés y que ayer sufrió el primer disgusto serio de su trayectoria. Claro que fue ante un rival inalcanzable hasta hace poco. Escaso consuelo para una generación a la que no le vale la medalla de chocolate y un final cruel después de perder sólo un partido de seis jugados.