El primer Astérix sin Goscinny y Uderzo se parece a los de siempre
Cultura
Los franceses Ferri y Conrad recuperan con tino las aventuras de la aldea gala con un cómic clásico tanto en el dibujo como en el guion, sin alejarse de lso fundadores
02 Nov 2013. Actualizado a las 13:09 h.
Los 24 álbumes de Astérix que René Goscinny y Albert Uderzo publicaron durante casi veinte años, entre 1961 y 1979, forman parte de la mejor historia de la literatura juvenil. Sin duda. Lo que llegó después, una decena más de trabajos ya sin guion del primero (fallecido en 1977), son otra cosa. Notables unos pocos, irregulares otros, aburrido alguno... El bajón se trató de revertir con El libro de oro, homenaje a 50 años de la aldea gala. Y el resultado fue un híbrido bastante penoso. Por ello, todo llevaba a pensar en una inminente desaparición (esas cosas pasan) de una serie mítica en el cómic europeo... Hasta Astérix y los pictos.
Cuando recibieron el encargo de retomar las aventuras de Astérix, Obélix, Panorámix y compañía, Jean-Yves Ferri (texto) y Didier Conrad (dibujo) posiblemente eran muy conscientes de las comparaciones que se les venían encima. Podían tirar de tradición, o apostar por una ruptura. Hicieron lo inteligente: ponerse en la piel de un seguidor de la serie y pensar qué habrían querido recuperar esos millones de lectores. Las peripecias de los galos en Escocia que acaba de editar Salvat en español y Xerais en gallego parecen (son, de hecho) unas aventuras de las de siempre, con mucha acción, golpes de humor, golpes de verdad, y guiños tradicionales de la serie, empezando por los juegos de palabras en los nombres; aquí conviene resaltar el estupendo trabajo de los traductores.
Dicen en la presentación del álbum el propio Albert Uderzo y Anne Goscinny (hija del célebre dibujante) que están orgullosos de este trabajo. Cuando uno lee eso, que parece un gancho comercial, pone las alertas, por si acaso. Pero tienen razón. Astérix y los Pictos no es un punto y aparte. Es una coma, una perfecta continuación sin giros estrambóticos, donde pasan las páginas con sumo agrado y que, estilísticamente, es un calco del dibujo de Uderzo. Solo algunas secuencias, con planos más grandes de lo habitual, y un diseño más redondo de los personajes escoceses (el de los galos es el de toda la vida), advertirán a los más forofos de que están ante un trabajo del 2013.
Cumplida la parte de la estética, había que redondear la obra con una historia a la altura (en lo que se ha flaqueado desde los ochenta). Ferri construye la típica narración de la serie, que arranca en la vida de la aldea, cotidianidad rota por la aparición de un tipo, un picto, metido en un bloque de hielo. A partir de ahí, viaje a Escocia y lucha contra de buenos contra malos, incluyendo, claro, unos cuantos romanos de por medio a los que partir la cara con ayuda del brebaje mágico del druida Panorámix, y vuelta a la Galicia.
Faltan algunos detalles, quizá no menores, como el perrito Idéfix (su presencia es anecdótica), el momento preciso de beber la poción, o las peleas con los campamentos romanos vecinos de la aldea. Pero no faltan la aparición de César, algún personaje de la farándula del siglo XXI (el malo de la serie es un calco del actor francés Vincent Cassel) o la escena final, la de toda la vida.