La Voz de Galicia

¡Lleva paraguas!

A Coruña

Antía Díaz Leal

De tanto escuchar aquello, de tantos «que sí papá», nacía una semilla rebelde que veía en el paraguas una especie de arma del sistema

10 Feb 2021. Actualizado a las 05:00 h.

Mientras caían chuzos de punta ayer por la mañana, desde el observatorio que es mi ventana de teletrabajo veía pasar un desfile de paraguas y capuchas. Paraguas infantiles camino del colegio, de esos que convierten a los cativos en setas con patas. Paraguas sólidos con incontables varillas forjadas en el monte del Destino, capaces de resistir a Hortensia, Justine, Ignacio, y el resto de vagones de este tren de borrascas con el que nos bendice el invierno. Paraguas plegables que se llaman así no porque quepan en el bolso, no, sino porque a la mínima se doblan sobre sí mismos, chas, y se convierten en una escoba de bruja para salir volando como las niñeras con verruga que buscaban un empleo a la puerta del hogar de los Banks sin saber que el viento había cambiado y que Mary Poppins, experta en paraguas donde las haya, ni siquiera necesitaba entrevista.

Aunque descubro una especie curiosa, algo así como los negacionistas del paraguas. ¿Qué pensarán quienes salen a la calle en una mañana como la de ayer solo con una capucha? ¿Qué se van a mojar igual? ¿Que son cuatro gotas? Así pasaban todos, los abrigos y las capuchas encharcados. En un ataque freudiano en toda regla, recordé a mi padre cuando éramos niños (y no tan niños) al escucharnos abrir la puerta de casa: «¡lleva paraguas!». En algún momento de despiste, aquello sonaba incluso antes de dormir. «¡Lávate los dientes, lleva paraguas!». De tanto escuchar aquello, de tantos «que sí papá», nacía una semilla rebelde que veía en el paraguas una especie de arma del sistema. No se crean que duró mucho la revuelta, en cuanto caía la primera mojadura volvía una al redil. Mi hermano, él sí, sigue en la cofradía de los desparaguados.


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