La Voz de Galicia

Donde viven los cuentos

A Coruña

Antía Díaz Leal

Es una pena pensar que las colas para comprar libros sean flor de un día, pero al mismo tiempo también un respiro

20 Jan 2021. Actualizado a las 16:53 h.

¿Volvemos a donde viven los cuentos? El retaco casi no nos dejó contestar y entró a todo filispín en Moito Conto. Pasadas las fiestas, las librerías vuelven a ser un espacio tranquilo, relativamente vacío. Es una pena pensar que las colas para comprar libros sean flor de un día, pero al mismo tiempo también un respiro: no hablaba con calma con un librero desde hacía meses, tal vez desde el verano. Unos minutos de charla con Esther siempre son un placer, pero con la que está cayendo suenan a terapia. La que ofrecen los cuentos de los que habla mi hijo, la que me regala estos días El infinito en un junco, maravilla de Irene Vallejo, o No digas nada, probablemente el mejor libro que cayó en mis manos el pasado año, y que salió precisamente de las estanterías de Esther.

Hablamos de libros e hijos, de niños pequeños que no perdonan la hora del cuento, de adolescentes que solo pasan las páginas de lectura obligada en el instituto, de los que vuelven al redil cumplidos los veinte, de los que no vuelven. De la importancia de encontrar a esa persona que te guía en tu vida de lectora. Sea un profesor, una amiga de la facultad, tu madre, quien sea. No hablamos de virus ni de cierres ni de pérdidas ni de miedos. Las mascarillas, la distancia, el gel en la puerta, dejan claro que nada es ya lo que era, y sin embargo...

Sin embargo, entre las cuatro paredes de una librería casi vacía cinco minutos de charla son como un ancla que nos recuerda las cosas que nos hacen felices. No son pequeñas cosas, un libro nunca es pequeño por pocas páginas que tenga si consigue que nuestra cabeza viaje, que nos cuestionemos nuestras ideas, que lloremos, que disfrutemos, que anotemos párrafos en pedazos de papel a los que volveremos más tarde para recordar quiénes somos.


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