La Voz de Galicia

El ataque holandés de 1599

A Coruña

Xosé Alfeirán

La armada de los Países Bajos quería tomar el puerto coruñés y destruir todos los barcos fondeados

25 Jul 2016. Actualizado a las 05:00 h.

Seis buques de guerra se adelantaron al amanecer; los demás permanecieron quietos, esperando al pairo la señal de atacar. Avanzaron en dirección sur-suroeste (SW) para llegar a la ciudad de A Coruña y comprobar cómo estaban sus defensas. Era viernes 11 de junio de 1599. Teniendo el cabo Prior a babor, dos lanchas se les acercaron con la intención de averiguar qué clase de naves eran.

Próximos a ellas, les dieron voces diciendo que venían de Hamburgo con un cargamento de cuerdas y otros géneros, y que necesitaban un piloto para entrar en A Coruña. Con desconfianza uno de los botes se aproximó para cerciorarse, pero con engaños y rapidez lograron capturar a uno de sus tripulantes, escapando los demás. Interrogado, el español les informó que a la ciudad habían llegado cerca de cuatro mil soldados y abundantes provisiones.

Al mediodía, tras el disparo de un cañonazo de señal, toda la flota se puso en movimiento con las piezas de artillería y las armas preparadas. También se sumó a la maniobra el gran galeón de Ámsterdam, el Hollandse Tuyn, que acababa de llegar y estaba dotado con 23 cañones grandes de bronce y otros de diferentes calibres: sacres y medio sacres y culebrinas. Las naves fueron entrando en la bahía coruñesa, soltando anclas a una profundidad de entre 10 y 13 brazas (una braza equivale a 1,8 metros aproximadamente) y a una distancia desde la que podían ver a la gente que se agolpaba en la orilla y en las murallas preparándose para defenderse.

 

 

Desembarco

La flota la mandaba el almirante holandés Pieter van der Does y estaba formada por 73 navíos y 8.000 hombres, entre tripulaciones y tropas de desembarco. Su misión, encomendada por el gobierno de las Provincias Unidas de los Países Bajos, era atacar las posesiones del rey de España, estorbar y capturar los barcos mercantes que se dirigiesen a los puertos peninsulares y si fuese posible interceptar a una de las flotas procedentes de América. Los holandeses estaban en guerra contra España desde su rebelión en 1568 por motivos religiosos y políticos: no aceptaron el autoritarismo católico del rey Felipe II. Pero ahora el conflicto se había agravado por motivos económicos, ya que en 1598 el rey Felipe III había decretado el embargo general de todas las mercancías procedentes de los Países Bajos. Esta medida les hizo daño y benefició a los transportistas franceses y de Hamburgo. Para los holandeses era una cuestión de supervivencia: necesitaban que los mares fuesen libres para seguir enriqueciéndose con el comercio marítimo; por eso respondieron formando una gran armada con la que esperaban romper el bloqueo y defender sus intereses frente a sus competidores. Contarían con el apoyo de sus aliados ingleses, pero no de los franceses que ahora estaban en paz con España y sus barcos comerciaban libremente.

El 24 y el 25 de mayo de 1599 la flota holandesa se reunió en las aguas cercanas al puerto de Vlissingen (Flesinga). El 28 zarparon con rumbo sur. Sobre el mediodía del 10 de junio divisaron a lo lejos la torre de Hércules. Continuará...

 


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